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Ángeles Brun: “Vida solo hay una y tenemos que hacer lo que nos apasiona, aunque para el resto del mundo sea una locura”

Ángeles Brun es una joven pacense de 25 años que un buen día decidió salir en busca de aventuras con acento inglés antes de finalizar sus estudios de de Administración de Empresas (ADE) en la Universidad de Extremadura (UEx). Para sorpresa de su entorno, su primera aventura se encontraría a 18mil kilómetros de casa, en Gold Coast, Australia

Cuéntanos, ¿cómo empieza tu aventura?

Ocurrió en un momento en el que mi vida cambió de golpe, acababa de terminar una relación de mucho tiempo y estaba muy desmotivada con la carrera, así que llevaba bastante tiempo dándole vueltas a la idea. Tenía muchas ganas de vivir una experiencia así, era mi último año en la universidad y yo me conozco, así que fue un ahora o nunca. Estuve pensando mucho el sitio, porque quería que fuera de habla inglesa y durante una época me llegaba mucha información de Australia, así que en vez de una academia de inglés o un Londres, fue Australia (ríe). Elegí Gold Coast, porque no quería irme a una ciudad que fuese demasiado grande, después de Badajoz iba a sentirme súper perdida. Busqué opciones y la que más me ganó fue esta, porque tenía playa (ríe). Era la primera vez que vivía fuera de casa y el salto lo di grande.

Claro, tu entorno diría, ¿no habrá otra forma de aprender inglés?

Mi madre me decía “hija, pero ¿por qué no te vas a algún sitio más cerca, en Europa?” (Ríe) Pero yo necesitaba más cosas que el idioma y Australia me aportaba muchas opciones. Mi madre al principio no me creyó hasta que me concedieron el visado. Pero mi entorno me apoyó mucho, en cierto modo creo que se lo esperaban.

¿Qué fue lo primero que te llamó la atención de Australia?

Siempre le he tenido mucho respeto a las aduanas australianas, por muchos artículos y reportajes que he visto donde los muestran súper estrictos. Pues nada más bajarnos del avión, los policías nos preguntaron de dónde éramos, cuando les dijimos que éramos españoles, nos dijeron, “Vale, pasad por aquí” y empezaron a cantarnos la canción de “Despacito” (ríe). Y ese fue el inicio de lo que me iba a esperar en Australia, el increíble “buen rollo” que hay.

Entonces que me dirías si te pregunto ¿Con qué te quedas de esta experiencia?

He viajado mucho, en caravana, por el desierto… es muy difícil quedarme con una experiencia concreta, pero si tuviera que elegir un lugar que representara esta aventura, elegiría Byron Bay. Es mi sitio preferido y llegó un punto en el que cuando iba allí me cambiaba hasta el ánimo. Me he preguntado muchas veces si alguien puede enamorarse realmente de un lugar, si se puede, yo me enamoré. También te diría el ambiente relajado y sin estrés que se respira allí. No se si es por el clima o por estar alejados del resto del mundo, pero la gente es súper amable y me encanta. Los australianos tienen una cultura muy parecida a los británicos, pero con mejor humor (ríe) y algo que me sorprende es que beben muchísimo a pesar de que las bebidas son súper caras, porque una botella de licor te cuesta 80 dólares.

En general la vida es más cara, un filete de salmón cuesta unos 15 dólares, por ejemplo, pero bueno, el nivel adquisitivo también es más alto.

¿Hay algo a lo que te haya costado más adaptarte?

Bueno, tengo que decirte que las horas de luz son muy diferentes y eso cambia por completo el ritmo de vida. Por ejemplo, en verano amanece a las 4am y anochece a las 18pm. Entonces un día cotidiano puedes cenar a las 18pm, a la hora de la merienda española (ríe) y dormirte a las 20.30pm, algo a lo que no he sido capaz de acostumbrarme.

Australia es un país aventurero por antonomasia, seguro que tienes alguna anécdota que contarnos

(Ríe) Ha sido un año de mucho deporte, he hecho trekking en la montaña, paracaidismo, skate y he intentado hacer surf (ríe). Me compré una tabla en cuanto llegué a Australia y ese fue mi reto. En el intento de conseguirlo me ha pasado de todo. Un día fui a surfear con unos amigos y por lo visto había mucha corriente, pero yo no veía olas grandes así que como no soy una entendida del tema, entré en el agua tranquila. A los pocos minutos me retrasé del grupo, como siempre, claro (ríe), hasta que me di cuenta de que iba en dirección a unas rocas, intentaba salir de allí, pero me acercaba más a ellas. Total, que me quedé allí atrapada, me hice heridas, empecé a sangrar y estaba convencida de que iba a venir un tiburón. Me puse a gritar “socorro” en español, claro, porque en ese momento ni me acordaba del inglés (ríe) hasta que un surfista brasileño vino a ayudarme a lo vigilantes de la playa. Del susto me llevo el recuerdo, un poco de miedo y una cicatriz que me recordará la historia siempre.

Traes muchas historias de tu aventura, pero ¿qué ha sido lo que más has echado de menos de casa?

Además de mi familia y mis amigos, claro, la vida en Badajoz. La vida en la calle, los bares, el ambiente sureño. He echado mucho de menos ir a un bar pacense, con sus tapas y sus cervecitas. En torno a la gastronomía, todo es muy diferente, los australianos no tienen nada propio como tal, además de la carne de canguro y Vegemite, que es una especie de mermelada salada, que no está nada buena (ríe). Algo que he echado mucho de menos son las aceitunas (ríe) una tortilla de patatas, al final siempre puedes cocinarla tú, pero tomarte una caña con unas aceitunas españolas ricas, no tiene precio.

Y ¿si hubieras podido llevarte un trocito de Badajoz a Australia qué hubiera sido?

Sin duda, la Alcazaba, la Plaza Alta, sus atardeceres. Yo siempre digo que qué pena que la entrada a Badajoz desde el resto de España no sea por la zona de la Alcazaba, yo soy de fuera, veo eso, entro y me quedo (ríe).

Para terminar con esta aventura en la otra punta del mundo, ¿qué le aconsejarías a algún pacense que tuviera dudas en repetir o no tu experiencia?

Que lo haga sin ninguna duda. Si lo quiere hacer de verdad, si cree que es lo que quiere hacer realmente, que luche profundamente y lo haga. Vida solo hay una y tenemos que hacer lo que nos apasiona, aunque para el resto del mundo sea una locura, solo hay que luchar para conseguirlo.

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