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Badajoz en noviembre suena a jazz

Hubo un tiempo en que el jazz no era sinónimo de referente cultural ni símbolo de paz; hubo un tiempo en que el jazz no era hilo musical en publicidad ni servía a importantes figuras públicas para arropar sus campañas. Antes de ser sinónimo de antros oscuros, de humo de tabaco, esta música inició un viaje más allá de sí misma y convirtió la libertad creativa en su único fin. Para esto se sirvió de la destrucción de sus cadenas, tanto físicas como creativas: así nació el “free jazz”. Este pasado mes de noviembre el jazz escribió una página más de su historia; esta vez no fue Congo Square, era el López de Ayala; esta vez no fue Nueva Orleans, era Badajoz.

Tras cuatro días (del 16 al 19 de noviembre) donde se ha reunido a grandes figuras del panorama internacional del jazz, el 29 Festival Internacional de Jazz de Badajoz se despide dejando un dulce sabor de boca.

La noche del miércoles estuvo protagonizada por uno de los referentes del jazz neoyorkino, el saxofonista y compositor Seamus Blake, que presentó su último trabajo: Superconductor. El artista dio un recital de ambicioso jazz, de gran carga electrónica,  dando muestras de que se encuentra en una etapa de madurez compositiva. Para esta presentación Seamus contó con la colaboración del gran bajista Matt Clohesy, que sonó con una profundidad abismal, e Ivars Arutyunyan, una auténtica pantera a la batería. Su concierto dio buena cuenta de su maestría con el saxo, sus dedos volaron tan alto como la ovación final que recibió de un público totalmente entregado.

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El jueves era la noche de los de aquí, de los de casa. El primero en salir fue Javier Alcántara y su Short Stories Band: Narciso González, saxo tenor; João David Almeida, voz y percusión; João Barradas, acordeón; Miguel Ángel López, piano; André Ferreira, contrabajo y André Mota, batería. Javier ganó el concurso de nuevos talentos del Festival Portón de Jazz y es uno de los compositores y guitarristas más destacados de su generación. Alcántara presentó su nuevo trabajo discográfico: Resilience, catorce cortes de poderoso aliento jazzístico.

El segundo grupo en pisar el escenario fue Pedro Calero Trío, formado por Pedro Calero al órgano Hammond, André Fernandes a la guitarra eléctrica y Paulo Bandeira a la batería. El planteamiento sonoro de este singular proyecto parte de la peculiar combinación de guitarra, Hammond y batería, sin bajo ni contrabajo, lo que les aporta increíbles matices. El repertorio de esta banda se basó en un combinación de composiciones propias con clásicos del jazz, donde la improvisación jugó un papel fundamental.

El contrabajista Enrique Tejado fue el encargado de cerrar la noche, junto a Dahoud Salim al piano, Luis Verde al saxo alto y Pepín Muñoz a la batería. También contaron con las colaboraciones de Joaquín de la Montaña al saxo tenor y de Gene García, con su inconfundible voz. Enrique presentó Behind the mask, un trabajo muy personal, marcado por la influencia de varios estilos que han formado parte de su trayectoria, filtrados por el tamiz del jazz contemporáneo.

El saxo de Rudresh Mahanthappa fue el encargado de hacernos vibrar de puro jazz la noche del viernes. Adam O’Farrill, trompeta; Joshua White, piano; Francois Moutin, contrabajo y Rudy Royston, batería, completaban un combinado espectacular. El italiano presentó su álbum Bird call’s, una reconstrucción sonora soberbia del legado de Charlie “Bird” Parker. El quinteto de Rudresh dio un espectáculo atronador de armonías.

Para cerrar el festival nos esperaba la trompeta de Jeremy Pelt, junto a su quinteto compuesto por Jacquelene Acevedo, percusión; Jonathan Barber, batería; Vicente Archer, bajo y  Victor Gould, piano. El trompetista californiano, considerado una de las grandes promesas del jazz, presentó su primer disco con esta formación: Tales, Musings and other Reveries.

Para completar este lienzo sonoro el Festival Internacional de Jazz de Badajoz estuvo trufado de actuaciones en el cafetín del teatro y a pie de calle, donde se reunieron jóvenes promesas del jazz de la región. La lluvia y el frío no impidieron que el público, atraído por estos músicos virtuosos, se congregara en pequeños corrillos para templarse al calor de la buena música.

Y así pusimos cierre a casi una semana de puro goce, de jazz, de vida.

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