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El destino inexorable de ‘Edipo Rey’, versión Miguel Murillo

teatro lopez de ayala badajoz

Ayer, 24 de mayo, el Teatro López de Ayala de Badajoz acogió la representación de la tragedia ‘Edipo Rey’ de Sófocles, versionada por Miguel Murillo y dirigida por Denis Rafter

Acercarse a los clásicos requiere humildad, veneración y sabiduría de siglos. Versionarlos, solicita fidelidad, amor por el verbo y grandes dosis de coraje. Todo esto encontramos ayer en la coproducción de Teatro del Noctámbulo y el Festival del Teatro de Mérida que versiona Miguel Murillo, y dirige Denis Rafter.

Miguel Murillo ha pulido el texto sofocliano con fidelidad conceptual, marcando una hoja de ruta diáfana para el espectador que se acerca como neófito a lo trágico, pero que satisface al purista y al connaisseur de las desdichas del rey de Tebas. Si la tragedia clásica exige de un cierto histrionismo, de una controlada desmesura para la declamación, de artificiosidad en la exposición de los exacerbados sentimientos, el Edipo interpretado por José Vicente Moirón se muestra en todo momento cercano y casi cotidiano. Es este un Edipo honesto, que evita la tentación del exceso, que bucea en la naturalidad y provoca empatía por la humanidad de sus emociones. Moirón juega con los sentimientos y los verbaliza con inflexiones que huyen de la retórica para compartir con el espectador el drama universal y terriblemente humano. Yocasta (Meme Tabares) acompaña al protagonista en su descenso ad inferos, con verbo clásico y variedad de matices expresivos, componiendo un personaje quizás más atormentado que el protagonista.

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La obra nos habla sobre la inexorabilidad del destino. Ese destino que convierte al hombre en una marioneta cuyos hilos corta a capricho. Un hombre que es consecuencia de sus actos. El grupo pacense Acetre aporta la música envolvente de José Tomás Sousa, con melodías de raíz mediterránea y helenística, que en algunos compases beben de influencias célticas. Una música que se hibrida con los diversos instantes dramáticos de forma natural. Javier Magariño compone un eficiente y cercano Tiresias que sirve de hilo introductor y voz del destino.

El coro se integra con naturalidad, siendo a la vez conciencia y voz del pueblo, aportando bellos instantes coreográficos, pero permaneciendo en un segundo plano, eludiendo las estridencias y con instantes de gran plasticidad como la utilización de las máscaras realizadas por Pepa Casado. La escenografía minimalista es aprovechada con sabiduría. Los zócalos, con decoración simbólica,  acompañan a los protagonistas, les sirven de pedestal, de puerta, de línea para el coro y aportan dinamismo. Edipo nos habla de los interrogantes del ser humano y de su vulnerabilidad. Un espectáculo con mayúsculas, donde nunca decae el ritmo narrativo. Prueba de ello, los numerosos aplausos desde la platea.

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