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El Quijote confrontando a una Europa ciega 

El espectáculo benéfico “El Quijote, en una Europa de duelos y quebrantos” fue acogido con expectación

Un López de Ayala abarrotado da cuenta de las muchas personas con deseo de ayudar. Antes de comenzar la función, su director Pablo Pérez de Larrázaga, de la Asociación Cultural El Bujío, se dirige al público con unas sinceras palabras que son bienvenidas con el aplauso unánime del teatro.

La recaudación de este espectáculo va destinada a la Asociación Himaya, que dedica el dinero al alquiler de pisos en Grecia para los refugiados sirios.

Se trata de un texto de denuncia social escrito por el joven Miguel Murillo Fernández, interpretado por actores amateurs y más de 20 figurantes que simulan a los refugiados.

El título de la obra hace alusión a la frase sobre la dieta de Don Quijote «duelos y quebrantos los sábados» que se encuentra al comienzo de la célebre novela de Cervantes, un plato manchego que ahora se sabe que se trataba de huevos con torreznos y que, actúa aquí con otro sentido, pues, como afirma su director, “los que huyen de la guerra se encuentran con una Europa de duelos, represión y quebrantos”

Se apagan las luces y aparece un Quijote convaleciente en la cama con la única compañía de su escudero Sancho, que se estremece al “soñar” con la crisis de los refugiados. Con ese sentido de la justicia que le caracteriza, se levanta indignado para encarar a la culpable de eso, Europa, que aparece personificada en una mujer altiva y soberbia, que se muestra insensible y no quiere reconocer la gravedad del asunto.

Mientras, se van intercalando proyecciones de imágenes verídicas de la guerra en Siria, invaden la pantalla los rostros de la guerra, la miseria y el dolor… A un lado del escenario, una valla mantiene el encierro de los refugiados en los campos, la policía les lanza pan por encima de ésta, los aporrea y maltrata al son de The Wall, de Pink Floyd. Unas telas ondulantes simbolizan ese Mar Egeo donde muchos perdieron la vida. De esta forma se nos narra la odisea de los millones de refugiados que han tenido que huir de su hogar escapando de la crueldad humana.

El Caballero de la Triste Figura sigue soñando con su Dulcinea, pero sus molinos de viento son otros, los poderosos que tienen en sus manos las vidas de millones de personas y miran para otro lado, las políticas inhumanas de los gobiernos europeos.

Finaliza la función y todos los que estamos allí nos vamos con una sensación: la sociedad necesita Quijotes, personas que luchen contra las injusticias, y todos deberíamos serlo un poco porque, citando a Jodorowsky, “una sola luciérnaga es el fin de la oscuridad”.

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