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El recuerdo de Godoy en la ciudad

El llamado Príncipe de la Paz aún está muy presente en la capital pacense más de 150 años después de su muerte

Badajoz puede presumir de contar, entre las personalidades más ilustres de su historia, con el personaje español de sangre no real que mayor número de títulos ostentó, entre ellos el rimbombante de Príncipe de la Paz. Nos estamos refiriendo al controvertido, y en ocasiones injustamente tratado por la historiografía, Manuel Godoy y Álvarez de Faria (1767-1851), que llegó a detentar un inmenso poder durante el reinado de Carlos IV, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y su recuerdo, como se podrá comprobar en estos párrafos, sigue muy presente en la ciudad, por ejemplo en placas, escudos, edificios, estatuas, calles y plazas.

Si se transita por la calle Santa Lucía se podrá descubrir un acicalado inmueble en el número 18 de propiedad privada, en cuya fachada reluce una placa de mármol en la que reza: “EN ESTA CASA NACIÓ MANUEL GODOY, PRÍNCIPE DE LA PAZ, 1767-1967”, colocada por la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País cuando se cumplieron doscientos años de su natalicio. Pese a que durante años era frecuente la confusión en torno a la localidad donde vino al mundo (se habló de Castuera, donde su familia contaba con una casa solariega), fue en esta vivienda próxima a Puerta de Palmas donde nació el 12 de mayo de 1767.

La casa luce también en su fachada el escudo de Godoy y unas cadenas, indicadoras de que allí acogió a los reyes de España, Carlos IV y María Luisa de Parma, durante el trayecto que realizaron desde Madrid hasta Sevilla en 1796. Serían días de felicidad para el pacense, que contaba con el beneplácito de los monarcas, y estamos seguros de que nuestro paisano enseñaría con orgullo la ciudad a la regia visita. Tras esa estancia, el rey otorgaría a la familia Godoy el privilegio y honor de lucir dichas cadenas en la fachada de su casa en señal de su unión con ellos y de lo complacido que estaba por la hospitalidad y el decoro con que habían sido alojados bajo aquel techo.

Otro vetusto inmueble del Casco Antiguo que conserva vivo el recuerdo de este destacado político badajocense, y que lo mantiene en su antigua denominación (Palacio de Godoy), es el edificio situado en la calle Porrina de Badajoz, que alberga hoy en día la sede de la Escuela Oficial de Idiomas y la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí. Resulta curioso imaginar que el alumnado que cada día llega a este caserón, ávido de aprender inglés, portugués o francés, se pare a pensar en la historia del edificio y que, de pronto, resuene el nombre del favorito y primer ministro de Carlos IV.

Sin embargo, pese a llamarlo palacio, apenas se ha empleado como residencia y tampoco llegó a ser un hogar habitual para el Príncipe de la Paz. Los historiadores Carmen Araya y Fernando Rubio, en su libro Guía artística de la ciudad de Badajoz, datan su construcción en el año 1795, aunque el también historiador Julián García Blanco estima que el primigenio inmueble fue levantado ya a finales del siglo XVII por la familia Rocha Calderón habitándose apenas veinte años y quedando vacío, siendo cedido para hospicio. Es en 1803 cuando el Ayuntamiento de Badajoz, conocedor de que Godoy, su hijo más ilustre, buscaba vivienda en la ciudad tras sus éxitos en la Guerra de las Naranjas, se lo cedió, pasando a denominarse Palacio de Godoy. Tras perder el poder, sus bienes fueron expropiados. Tiempo después Fernando VII se los devolvió a su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga, y a su hija y heredera Carlota Luisa de Godoy y Borbón. Finalmente, el Ayuntamiento compró el palacio y lo acondicionó para ubicar en él la cárcel. Una vez que, en 1958, el presidio se trasladó a la nueva prisión de Pardaleras, el Palacio de Godoy tuvo distintos usos educativos, como Escuela de Comercio y, ya en época más moderna, se convirtió en la Facultad de Empresariales de la Universidad de Extremadura, hasta su traslado al campus.

No obstante, el homenaje más plausible en honor a Godoy se halla en la rotonda de la confluencia de la avenida Juan Carlos I, la calle Obispo San Juan de Ribera y las plazas de San Atón y de Minayo. Siguiendo un viejo proyecto inconcluso de 1807, y coincidiendo con el bicentenario del comienzo de la guerra de la Independencia en 2008, la ciudad  rindió un homenaje a Godoy consistente en una estatua inaugurada el 14 de junio de ese mismo año, obra de Luis Martínez Giraldo. El que fuera Príncipe de la Paz y duque de Alcudia aparece uniformado de general y porta junto al pergamino la vara de mano y el sable, símbolos del poder político y militar, además de mostrar bajo los pies un cañón medio destruido y un ramo de naranjas. De esa manera se representa el momento de la lectura del Tratado de Badajoz con el que se pone fin a la Guerra de las Naranjas. Además, la escultura de Godoy, hecha en bronce, está orientada hacia Olivenza, localidad que recuperó para España en virtud de este tratado. El lugar para su colocación no es casual, pues se enclava cerca del antiguo Seminario de San Atón, donde estudió antes de su traslado a Madrid, con apenas diecisiete años.

Desde 2008 el Ayuntamiento de Badajoz ha venido realizando diferentes gestiones para poder lograr el traslado de los restos mortales de Godoy a la ciudad que le vio nacer, desde su actual emplazamiento en el cementerio parisino de Père-Lachaise. El propio deseo de Godoy, según dejó por escrito, era yacer para siempre en España.

Godoy cuenta, asimismo, con una calle en el barrio de San Fernando y con una plaza en el Casco Antiguo, denominada del Príncipe de la Paz.

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