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Emilio Vázquez: ‘En una hora llenamos varias habitaciones con donaciones de ropa, alimentos y calzado’

Emilio Vázquez, hoy presidente de Fundación CB, dirigía la Residencia Universitaria Hernán Cortés cuando ocurrieron los hechos de noviembre de 1997, lugar que fue crucial en el desarrollo de las labores de ayuda y rescate. Hoy, veintiún años después, nos cuenta cómo vivió aquel trágico capítulo que supuso la Riada de Badajoz.

¿Cómo fueron los primeros momentos de la Riada? ¿Cuáles fueron los más tensos para usted?

Aquel día a todos nos cogió de sorpresa. Fue un día de perplejidad, de horror. Cuando llegué a la Hernán Cortés me encontré en la puerta con varios vehículos de bomberos, ambulancias… Muchísimo movimiento. Se empezó a utilizar la residencia como un sitio para damnificados, enseres y posteriormente de almacenamiento de alimentos y ropa de primera necesidad, que inmediatamente se empezaron a entregar las familias de la ciudad. Lo que más me llamó la atención fue cómo en cuestión de una hora llenamos varias habitaciones con ropa, alimentos, calzado… Todos aquellos objetos y enseres de primera necesidad en muy buenas condiciones que los pacenses de forma voluntaria ofrecieron sin nosotros haberlo pedido, recién comprados algunos.

Recuerdo que una persona me contó una anécdota de una familia en aquellas casas que estaban en el talud del Rivilla. Había una puerta metálica que se atascó, el agua estaba entrando y unos policías y bomberos trataron de romper el tejado. Los gritos de la madre y la hija poco a poco se fueron apagando y no fueron capaces de sacarlas. Esas situaciones trágicas te marcan para toda la vida.

¿Cuántas personas fueron refugiadas en la Residencia Universitaria Hernán Cortés?

Nosotros allí llegaríamos a más de cien personas de todas las edades: personas mayores, de edad media, niños… Fue muy emocionante, los mismos chicos de la residencia colaboraron. En el comedor se vació todo y se colocaron camas paralelas en donde estuvieron las víctimas varios días mientras se iba solucionando el problema.

¿Cómo se hizo la gestión de refugiados?

La gestión de refugiados se hizo muy bien. Yo siento un gran orgullo por la ciudadanía de Badajoz en ese momento. Creo que la fuerza pública tuvo que decir: “señores, no necesitamos más, estamos muy bien”. Los universitarios de la residencia se portaron fantásticamente, empezaron a quitar barro, a limpiar calles mediante iniciativa propia. Yo como director me estaba limitando más a poder dirigirme en cuestión de logística, el intensificar el trabajo en la cocina porque teníamos que llevar más de 200, 300, 400 bocadillos a La Granadilla, que era otro sitio que se estaba preparando. También tengo que hablar del ejemplo de los propios funcionarios de la residencia, esta gente durante más de un día no se fueron a sus casas. Yo los reuní a todos y en un momento determinado los que estaban de descanso y trabajando todos a una dedicaron su tiempo para poder atender a la gente. Fue un momento de tragedia pero al mismo tiempo de orgullo y satisfacción al ver cómo los ciudadanos se quieren los unos a los otros.

En cuanto a las fuerzas de seguridad, todas funcionaron perfectamente; desde la policía, las estructuras sanitarias con los que nosotros tenemos también muchísima relación, bomberos, asistencia social… Era muy trágico, recuerdo que fui varias veces al Hospital Perpetuo Socorro porque en bastantes ocasiones no se sabían donde estaban los familiares de algunos refugiados que teníamos nosotros, y tratábamos también de enlace de lo que pudiera ocurrir.

¿Cuánto tiempo estuvieron los refugiados en la residencia como media general?

Yo creo que estarían allí pocos días, la solución de protección civil fue bastante dirigente, allí estuvieron poco tiempo. Los refugiados también fueron muy responsables, ellos querían cuanto antes irse a sus casas. Lo que tuvimos durante muchísimo tiempo fueron los enseres personales, hicimos de depósito y guardería.

¿Algunas anécdotas?

Cuando hemos visto siempre la señal aquella que está en la Puerta de Palmas, en Puerta Trinidad, que existe un zócalo en el que se enuncia “Hasta aquí llegó la riada de 1997”, pienso que están locos, estos no saben como medir, y es que aquel día subió más que eso. Había 4 coches, uno encima de otro, el ver los adoquines de esa zona levantados por la fuerza del agua era impresionante. Otro hecho trágico fue el del R21 con dos personas que iban a entrar en el cruce de la autopista de la Carretera de Sevilla, donde está la gasolinera. En ese momento vino la gran ola y se llevó el coche. Una de ellas consiguió salir, se agarró a uno de los pinos que está frente a la Plaza de Toros y consiguió salvar su vida, pero la otra murió.

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