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Francisco Pedraja: “No podemos estropear la naturaleza ni destrozar un paisaje para crear arte”

Una mano que cuenta una gran historia. Una historia convertida en arte. Sus palabras gozan de juventud. Su humor se mantiene intacto. Su pasión por seguir aprendiendo y descubriendo persiste. Sus pinturas, como “El mito de Occidente”, se conocerán para siempre, al igual que su nombre: Francisco Pedraja.

Francisco, es la primera vez que charlo con una persona que tiene una calle en Badajoz.

En realidad, tengo media calle (Bromea). Yo les pedí que no me la pusiesen porque, estando vivo, me parecía raro. Pero hay gente que me dice que viven en mi calle y yo les digo: “¡Qué suerte!”.

¿Se acuerda del primer cuadro que vendió?

Sí. Vendí al mismo tiempo tres cuadros. José Teruel me compró uno por mil pesetas. Juan Parejo, otro por tres mil; y un tercero, del paisaje del norte de España, a Andrés Calderón, por mil pesetas. Cuando llegué a casa, hasta mi padre, reacio a la pintura, se alegró.

¿Qué piensa cuando observa toda su trayectoria?

Pienso cómo he tenido tiempo para pintar, escribir, dar clases y otras muchas cosas. Todas han reunido una temática semejante. Mi padre quería que yo hiciese unas oposiciones y que tuviera una carrera “seria”. Yo me preguntaba para qué, si yo quería volar, y él me decía que estaba loco (Sonríe). Al final hice Derecho y me sirvió poco. Pero siempre me ha gustado estudiar, por lo que la carrera me ayudó a pensar y a saber para el futuro. Y cada vez que encuentro cualquier cosa que no sé, intento conocer algo de ella.

¿Qué es lo último que ha conocido?

Ahora estoy escribiendo sobre el origen de la civilización occidental. Además, estoy conociendo la religión de la naturaleza, ya que en cada rincón fabuloso existe una divinidad. Y no me refiero a que haya un dios, sino a algo especial.

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¿Cómo ha cambiado la forma en la que percibía el arte en sus inicios hasta la actualidad?

Antes uno pintaba sin profundizar. Sólo porque me gustaba la combinación de colores, los efectos de luces… Y estos últimos 20 años he profundizado en una síntesis emocional en la que es más importante lo que la pintura sugiere que lo que se ve o se toca. Resulta interesante conocer los misterios que esconde la naturaleza, o incluso la vida, y plasmar lo que sintamos a través de la pintura.

¿A dónde cree que se dirige el arte?

Al desastre (Bromea). El futuro será un arte abierto en el que el artista pintará o esculpirá con plena libertad. Pero tiene que tener en cuenta que no podemos estropear el futuro para hacer arte. No podemos estropear la naturaleza ni destrozar un paisaje para crear arte.

A día de hoy, ¿cómo definiría usted el paisaje que rodea a Extremadura?

Es místico y sobrio en contraposición a una belleza exuberante. Hay paisajes que en verano se ponen amarillos y parecen una “penitencia”, pero luego reverdecen y suponen la “resurrección” de la propia naturaleza. Tenemos que cuidarlo. En una de mis clases inventé la asignatura Ecología del arte, una visión del arte como un mundo ecológico participativo en la naturaleza que se degrada y que hay que cuidarlo.

Como profesor, ¿qué ha intentado transmitir a sus alumnos?

He sido profesor de Historia del Arte, pero he intentado enseñar también cosas más importantes, como saber estar ante la vida, saber qué debes hacer y que hay que ayudar a los demás. Si no, ¿para qué venimos aquí? Estamos en un mundo de egoísmo donde mucha gente sólo busca éxitos o fracasos en silencio.

¿Qué le parece que profesores y expertos estudien su obra?

Es una satisfacción que uno no esté en un rincón perdido. Que se acuerden de mí con 88 años me pone muy contento.

Usted ha sido presidente del Museo de Bellas Artes de Badajoz y, hasta hace poco, de la Real Sociedad Económica Amigos del País.

Sí. La presidencia del museo me llegó porque yo trabajé mucho para que el museo fuese lo que es, consiguiendo los dos edificios principales que tiene. Y dejé la presidencia de la Real Sociedad por problemas de salud. Cuando uno no puede cumplir con las obligaciones debe retirarse. Pero aún recuerdo el momento en  que se acordaron de mí para formar parte de ella.

Además, tiene involucrada a toda la familia en el tema de la pintura y el arte.

Incluso yo me pregunto cómo pueden convivir ellos con un artista como yo (Bromea). Los artistas auténticos somos anarquistas silenciosos y tratamos de modificar las cosas en el buen sentido.

¿Qué le ha supuesto Badajoz a su vida?

Todo. Conocer la Alcazaba parecía una fábula y encontrar el acogimiento que me han hecho desde el principio me ha supuesto un mundo feliz.

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