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Ara Malikian: Ibn Marwan danza con Kairo

El violinista Ara Malikian conjura pasado y presente de la música en un entorno histórico que se rindió a los pies del libanés.

Es la hora en que el espíritu de Ibn Marwan comienza a vagar por los adarves y senderos de la Alcazaba. Los siete magníficos (convertidos en ocho desde la incorporación del versátil guitarrista Tony Carmona), atacan un tema mítico: Voodoo Child de Hendrix. La espectacular versión del libanés alquimiza el tema que el estadounidense publicara en Electric Ladyland. Malikian se trae a su terreno los endiablados riffs y los efectos waw-waw que el guitarrista creó para este tema. El Santo Grial de la guitarra eléctrica, convertido en un dificilísimo ejercicio de estilo, que levantó al público.

El violinista de melena leonina articula su espectáculo en torno al imaginario violinista Alfredo Ravioli, a los problemas con el Fa sostenido o a los intentos de ocultar a su padre el póster de Led Zeppelin. El público fiel que acude a sus conciertos, sabe que no sólo va a disfrutar de una ejecución virtuosa. También busca echarse unas risas con las anécdotas; a caballo entre lo real y lo imaginario; que el violinista narra en los entreactos. Algunos clásicos del imaginario malikiano, como los picos, los comodines o sus problemas con Boy George, son reconocidos y celebrados por los asistentes a sus conciertos. A continuación, interpretó Con mucha nata (un tema de difícil ejecución y un crescendo final casi epiléptico) y Huevos Rotos, dos referentes en todos sus conciertos. El Malikian narrador cuenta la desternillante historia del cabaret donde los clientes, ya con alguna copita de más, no se percataban de que la música consistía en variaciones (comodines) sobre la misma melodía. Unos parroquianos más concentrados en muslamen, pechuga y trinque que en las ejecuciones de los músicos. Es la génesis de Broken Eggs (comodín nº 8), una obra con multitud de influencias. Un divertimento ecléctico que bebe de diversas fuentes.

No podía faltar la canción-fetiche, popularizada por de la película Pulp Fiction. Una melodía tradicional del Mediterráneo Oriental llamada Misirlou. El Ara Malikian violinista, deja paso al compositor en esa hermosa melodía que compuso para su hijo. El Vals de Kairo navegó entre la brisa de la Alcazaba, dejando uno de los momentos más impactantes del concierto con sus melancólicas evocaciones fellinianas.

A Malikian le gusta jugar y estirar los tempos, ralentiza, se recrea, extrae notas increíbles de esta partitura con reminiscencias chaplinescas. Después narra cómo un día, en que una nota que estaba un poco trucha, le lleva a problemas con el Fa sostenido, antes de interpretar ese homenaje al revolucionario del arco que fue Niccolo Paganini: La Campanella. Esta pieza pertenece al concierto para violín nº 2. Rondó. Es una melodía virtuosística, endiablada, exigente, con carácter, que en manos de Malikian parece un juego de niños, pese a sus paradas dobles y arcos rebotados. El genocidio armenio inspiró el poema musical 1915, una obra demoledora, una letanía sorda y áspera, de un lirismo inquietante, que evoca el sufrimiento y la esperanza. Aquí se solapa el intérprete con el compositor, obteniendo instantes de una profundidad que remueve conciencias.

Es difícil encontrar una versión más hermosa de Life on Mars. Las ágiles falanges del violinista recrean la canción de David Bowie. Una melodía que parece balancearse y retornar una y otra vez hasta el morendo final. Bourj Hammoud es una pieza de comprometida ejecución, con aires étnicos. Una danza frenética, donde el músico se abandona como un poseso. Es imposible dejar los pies quietos, ante el exuberante ejercicio que se desarrolla en el escenario. Saltos, carreras, toques a porta gayola con el violinista de rodillas. Una celebración dionisíaca (una flipada), que lleva el nombre de un municipio libanés. De todo hay en los conciertos de Malikian, desde ese buque insignia. favorito del público, que es la tremenda versión del Kashmir de Led Zeppelin; hasta esa coda final que siempre se guarda en la manga. Alguna obra de Bach en la que desaparece el violinista de influencias rock y étnicas, para dar paso a la técnica depurada. La inmensa grandeza de la partitura solemne que permite a Malikian su acostumbrado (y esperado) paseíllo entre el público, mientras las notas del genio barroco hechizaban el recinto de la Alcazaba. Quinteto de cuerdas en suave pizzicato y el maestro recorriendo, altruista, el patio de butacas. Pero no habían terminado las “sorpresas”. Ara Malikian y sus músicos, deciden despedirse de los seguidores pacenses con una “joyita” de la música popular. Los acordes de Los Pajaritos hicieron reír a un público entregado que agradeció el amable detalle.

La agrupación ha tomada un sesgo mucho más cercano al rock con la incorporación del guitarrista Carmona y la utilización del bajo eléctrico. Hay complicidad en esta formación, hay goce dionisiaco y ejecución certera (también mucho cachondeo) en las obras. También hay muchas horas de trabajo en la trastienda para estos músicos de diseño gótico. Pero sobre todo arte, mucho arte, que consigue que disfrutemos con ese imaginario relato que va hilvanando entre monólogos palpitantes, fusiones, culturas, homenajes y una música sobresaliente. Por los angostos callejones, la sombra de Ibn Marwan danzaba el Vals de Kairo.

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