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Isabel Holguera: “Lo más importante de estas experiencias es crear una familia allá donde vayas y sentirte como en casa”

Isabel Holguera es una pacense de 25 años, que, tras vivir en dos países europeos, se lanza a por el tercero, planeando cruzar el charco en unos años. Hemos hablado con ella en ‘Pacenses Por El Mundo’ para que nos cuente qué le llevó a empezar esta aventura y cuál ha sido su secreto durante toda la experiencia.

¿Cómo es el día en que decides ser una Pacense por el Mundo?

Llevo ya viviendo fuera de Badajoz muchos años. Siempre fui consciente que, para especializarme realmente en mi carrera, por desgracia tenía que salir de mi ciudad. Estudié en Madrid Derecho y Economía, y uno de los años de la carrera lo viví en Londres. Allí descubrí que tenía que continuar la experiencia fuera de España, sobre todo, tenía que hacerlo para enfocarme en la rama que más me gustaba, Derecho Tributario, un poco friki, sí (ríe). Así que decidí irme a Maastricht, Holanda, a estudiar el máster de Fiscalidad Internacional y Europea y a la vez otro de Acceso a la Abogacía por la UNED, un año muy completo. Es cierto que la elección estuvo entre Sidney y Maastricht, pero recuerdo que cuando se lo planteé a mi madre me dijo: “Hija mía, si no quieres que me dé un patatús vente un poquito más cerca” (ríe).

A pesar de ser países europeos, ¿notas la diferencia entre España y Holanda? ¿O incluso entre Badajoz y Maastricht?

¡Claro! Es cierto que nos parecemos, por ejemplo, en que la gente es muy amable a pesar de lo que dicen. Siempre que he necesitado algo o he tenido un problema, he encontrado ayuda. Pero en otros aspectos, como el nivel de civismo, están a años luz. El gobierno ofrece muchas ayudas para estudiar, reciclan muchísimo, y este tema está muy controlado, conozco a mucha gente a quienes han multado por no cumplirlo bien. Todas las calles están muy limpias y prácticamente todo el mundo se mueve en bicicleta, en Holanda están muy concienciados con el medioambiente y la contaminación. La verdad es que tenemos mucho que aprender de ellos, hasta en comunicación: todos hablan inglés, incluso una señora de ochenta años que trabaje en una tiendecita.

Hablando de idiomas, ¿has conquistado el holandés?

(Ríe) Imposible. Solo aprendí Dank je wel, que significa gracias, y con esto fui al fin del mundo (ríe). Es cierto que es un idioma bastante complicado y que solamente se habla en los Países Bajos junto al flamenco y un poco en Bélgica, así que no he tenido la necesidad de aprenderlo a nivel profesional. Por suerte no tuve problema, sobre todo porque como digo todo el mundo hablaba inglés.

Haberte lanzado sola a esta experiencia, a pesar de tratarse de un país relativamente cercano, tuvo que ser difícil, ¿cómo lo llevaste?

Tal vez me influye haber tenido siempre espíritu viajero. Creo que para dar el paso de alejarte de tu familia, tus amigos, tu vida en general, tienes que tener la convicción de sentirlo realmente. Y así fue. Recuerdo que ni siquiera situaba Maastricht concretamente en el mapa… pero el primer día que llegué, quedé con un amigo para que me enseñara la ciudad y me enamoré de ella, ¿se puede enamorar alguien de una ciudad? (ríe). Hice muchos amigos de todas partes, de China, Chile, Francia, Canadá… lo que también me ayudó mucho. Maastricht fue totalmente diferente a Londres, aquí formé una familia. Lo cual creo que es lo más importante de estas experiencias, crear una familia allá donde vayas y sentirte como en casa, ese es el secreto.

Después de todo, ¿tienes pensado volver a casa?

Por el momento no. Me acaban de contratar indefinidamente en una empresa consultora multinacional en Luxemburgo. Es cierto que echo mucho de menos a mi familia, a mi abuela, mis amigos, la vida que tiene Badajoz y, como no, ¡el sol! (ríe), pero me queda aún mucho por conocer. En un par de años tengo la intención de probar suerte en Estados Unidos, en Nueva York, me llama mucho la atención esa ciudad, la conocí de vacaciones hace tiempo y siempre he sabido que tenía que vivir un tiempo allí sí o sí (ríe). Las raíces tiran mucho, claro que sí, y sé que acabaré volviendo a casa, pero mi camino ahora mismo está aquí. ¡Cambiamos de país, pero no de aventura!

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