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Jara Luna: “Disney tiene un gran nivel de exigencia de trabajo y una rutina muy intensa”

Jara luna

Hemos quedado en una tranquila cafetería coctelería del centro de Madrid. Allí no hay demasiado ruido y Jara lo prefiere así. Cualquier momento es necesario para cuidar su voz. Al llegar encontramos a la actriz de doblaje ya en la puerta del local, aunque asegura que lleva solo dos minutos esperando. El último personaje al que presta su voz, aparece, nada más y nada menos que en “Han Solo, una Historia de Star Wars”, que se proyecta en estos días en cines. Su proyecto más reciente es “El Misterio de Hanging Roc”, la nueva serie de Cosmopolitan TV, estrenada el pasado domingo, donde Jara pone voz a Marion, una de las tres protagonistas

En un mundo en el que todo entra por los ojos. Donde se apuesta mucho por el clásico “una imagen vale más que 1000 palabras”, vas tú y te abres camino exclusivamente por tu voz. En este mundo de tipografías, colores, cuerpos perfectos, fogonazos de imágenes constantes… y con una profesión como la tuya, seguro que más de una vez te han dicho que tú ni siquiera sales en la pantalla. ¿Es así?

No solo lo he percibido así, sino que comparto todo lo que has dicho, pero mi trabajo está asociado a la interpretación y eso es lo genial. A mí el mundo de la imagen me cansa, porque por el físico de alguien se le regalan trabajos bonitos. Sin embargo en esta profesión te llegan las cosas cuando estás realmente preparado. Cuando te lo mereces.

Trabajas con una herramienta magnífica como es la voz. Y puedes estar viendo a alguien en la pantalla muy feo o, por el contrario, con un físico espectacular, pero quien transmite y dice las cosas eres tú. Y eso es un 80% del total.

Un actor de doblaje debe tener mucha empatía. Se me ocurre que a las 15:00 eres una bruja y dos horas después una niña pequeña, y al día siguiente un árbol parlante. La voz de cada persona es única. Sin embargo aquí hay que desplegarse, ¿no?. ¿Y eso cómo se hace?

El proceso comienza cuando te llaman por teléfono desde los estudios y te citan. A veces solo sabes la hora a la que hay que estar, y al llegar el director te explica quién vas a ser. En mi caso, yo me vacío. Tengo como una especie de interruptor y me quedo en blanco en el atril. Entonces empiezo a decidir quién soy yo. Me fijo en el personaje en la pantalla. Sus gestos, sus miradas, como habla… Después, consiste en que, a raíz de tus vivencias propias, comiences a construir ese personaje. Así se consigue seguro. Bueno así y teniendo en cuenta lo más importante ante el atril: la humildad.

Jara Luna ha comenzado a ser conocida cuando ha doblado a la niña del último film de Disney, “Un Pliegue en el Tiempo”. Quienes ponéis vuestra voz a personajes, prestáis también un pedazo de vosotros. Pero ahora me gustaría que me hablases sobre ti. Defínete.

Pues comienzo hablándote de mí fuera de la profesión, me dicen que soy muy trabajadora, sensata y madura. La verdad es que lo comparto en gran medida. Trato de ser muy exigente conmigo misma a muchos niveles. Nací en Ciudad Real pero desde los tres años y hasta hace muy poco he vivido en Badajoz. Actualmente, compatibilizo el doblaje con el trabajo de dependienta en una tienda de ropa, lo cual me ayuda económicamente. He aprendido a doblar personajes doblando ropa. (Risas). Ten en cuenta que cuando llegue a Madrid y quise continuar perfeccionando mis estudios de doblaje, yo misma corrí con los gastos de todo.

Te has definido como una persona sensata y madura. Pero pregunto: cuando a uno le ofrecen doblar un personaje Disney, ¿no le desaparece de un plumazo la sensatez? ¿No alucina tanto con lo que le está sucediendo que parece otra?

Pues sí que es verdad que para mantener los pies sobre la tierra detrás hay un trabajo personal de auto-convicción. Por un lado hay que pensar que realmente vales para esto porque si me lo han dado no lo habré hecho tan mal. Pero por otro, Disney es un cliente muy exigente, al que te enfrentas  con respeto. Quieres dar lo mejor de ti y es ahí donde entra mi parte exigente. Al final aprendes a conjugar una cosa con la otra: la autoexigencia con el disfrute.

Y ese personaje al que recuerdas con especial cariño, ¿cuál es?

Pues es que realmente yo llevo muy poco tiempo. No llega ni siquiera a un año. Pero recuerdo con mucho cariño mi primer personaje que fue Handy, la grúa, de la serie “Las aventuras de Chuck y sus amigos”. Había hecho algunas pruebas y estaba en Badajoz cuando me llamaron de los estudios y me dieron al personaje. Estuve unos dos meses grabando varios capítulos. El dibujo animado es más fácil porque tú puedes crear, en gran medida, al personaje. Sin embargo, con un personaje real debes hacerlo creíble al máximo, y  tienes que pegarte a él.

¿Cómo llegó Disney? ¿Qué ha supuesto para ti?

Recuerdo perfectamente el momento. Era Año Nuevo y me había quedado en Madrid porque al día siguiente tenía que trabajar en la tienda. El día dos me llaman y me dicen que me harán una prueba para una película de Disney, pero nada más. Me acuerdo que iba en el metro alucinando. Sin embargo no salí nada contenta de aquella prueba. Me contaron que a finales de semana sabría algo pero pasaban los días y nada. Pensé que no habría estado a la altura y no iban a cogerme, y a finales de la semana siguiente sonó el teléfono durante una comida con amigos: cuando cojo el móvil y de repente escucho una voz al otro lado que me asegura que sí, que lo hago yo. Empecé a dar brincos y me acuerdo que casi tiro toda la comida que había en la mesa de aquel restaurante chino. No me lo creía. De hecho no he sido consciente hasta que no he visto la película en el cine. Siempre estuve pensando que podrían llamarme en cualquier momento para decirme que continuarían con otra chica que lo hacía mejor que yo.

Te emocionas al contarlo. Cuéntanos ese día que fuiste al cine a ver el estreno. ¿Cómo fue?

Al estreno, fui en Madrid con toda mi familia y amigos. Además me acompañó con Eduardo Gutiérrez, director de doblaje de la película. Después la he vuelto a ver en Badajoz, en los Cines Conquistadores. El día del estreno estaba muy nerviosa porque no había visto el resultado final. No se trabaja en grupo. El doblaje se trabaja por frases: lo que llamamos takes. Escuchas y ves algo, pero no todo. Aquel día me recuerdo sentada en la butaca con mi madre a un lado y mi padre al otro. Mi padre me agarró la mano y no me la soltó en toda la película. Tal y como me advirtieron no me enteré de nada. Ya me avisaron que seguramente estaría pensando en cómo dije esto o aquello y como debí decirlo. Y efectivamente así fue. He tenido que verla un total de cuatro veces para enterarme bien y también para escuchar a los demás.

Tu vida ha transcurrido en Badajoz desde los tres años hasta hace poco. Despegaste en la Universidad de Extremadura. ¿Cómo fueron esos comienzos?

Efectivamente. Además cuando estaba estudiando el Grado de Comunicación Audiovisual en la UEX descubrí Onda Campus justo cuando estaban buscando a gente para un serial radiofónico y recuerdo que me decían: tú eres un diamante en bruto y aquí te vamos a pulir. Después me propusieron ser la voz corporativa de Onda Campus, y en ese momento me enamoré de la radio. En el último curso de la carrera, en Sevilla, comencé a interesarme por las escuelas de doblaje y más tarde a estudiar en una de ellas.  Afortunadamente, allí también me decían que valía para esto.

Y desde entonces no has parado, porque en los últimos meses te han vuelto a ofrecer personajes…

Sí. Disney tiene su registro de voces. Lo que no suelen repetir son voces protagonistas, pero es cierto que una vez entras y gustas, te vuelven a llamar para otros proyectos. Me han propuesto para otros repartos de papeles secundarios y algunas series. De hecho hay cosas que las doblé hace un año y aún no se han emitido. Sobre todo he doblado mucho niños. Pero Disney tiene un gran nivel de exigencia de trabajo y una rutina muy intensa.

Por ejemplo, ¿qué exigencias?

Pues el técnico que estaba allí sabía, por ejemplo, hasta cuando había tomado café. Cuando llegas al estudio no puedes haber comido antes nada con azúcar, porque así se saliva más y eso suena en el micro. Recuerdo que tenía una manzana delante y el técnico, de vez en cuando, me decía: “Jara, manzana”, para limpiar la boca y hablar con mayor claridad. La exigencia ha sido muy alta. Había días que salía preguntándome si realmente yo valía para esto. Pero sin duda alguna, ha merecido la pena.

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