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La Riada de Badajoz (I): Cómo sucedió

Hoy, 6 de noviembre, se celebra el 21º aniversario del trágico suceso ocurrido en 1997 en diversas zonas de Extremadura. A lo largo de este mes mostraremos las diferentes caras de esta tragedia que acabó con la vida de 25 personas

En el mes de noviembre de 1997, Extremadura y todo el suroeste peninsular sufrió abundantes lluvias como consecuencia de un proceso de ‘ciclogénesis explosiva’ que provocaron esta catástrofe natural en la madrugada del 5 al 6 de este mes. Fueron varios los municipios extremeños que se vieron afectados por abundantes lluvias e inundaciones, principalmente en Badajoz y Valverde de Leganés. Destrozos tanto en edificios, paisajes, pequeñas empresas, explotaciones agrarias, calles, coches… Así nos lo relata José Manuel Díaz, gerente de Mandyplant: “Nuestras pérdidas se calcularon sobre los 19 millones de pesetas. Aquello quedó como un solar”. Así fue la Riada de Badajoz.

Esta semana se cumplen veintiún años de este suceso en el que se recogieron alrededor de 120 litros/m2 de agua en la ciudad de Badajoz. Fue un “visto y no visto”: “Los primeros momentos fueron de asombro, ya que la gente no sabía hasta dónde iba a llegar el agua”, expone Marco A. Monroy, camarero de la Venta El Rocío. En dos horas, los arroyos Rivillas y Calamón pasaron de no tener caudal a estar desbordados de agua, superando el registro más alto conocido hasta la fecha: “Dentro de nuestra nave el agua cubría alrededor de 1,85 metros”, nos comenta José Manuel Díaz. Un partido de fútbol de la Copa del Rey que se jugó de madrugada salvó muchas vidas, ya que muchas personas se quedaron viéndolo y evitaron de este modo quedarse dormidos, por lo que pudieron reaccionar mejor ante este desastre natural.

El agua desbordada se llevó la vida de 25 personas, 22 en Badajoz -siendo las zonas más afectadas los barrios de San Roque, Antonio Domínguez, Pardaleras, Cerro de Reyes, además de la carretera de Sevilla– y 3 en Valverde de Leganés. Cientos de personas, instituciones públicas y entidades de todo el país se movilizaron para dar su máximo apoyo y paliar los daños ocasionados. Fueron muchos los gestos solidarios por los lugares donde se produjo este hecho en el que cientos de personas arriesgaron su vida para salvar a sus vecinos, familias y amigos en unas horas que fueron eternas y angustiosas: “Acompañé a algunos de mis empleados al Cerro de Reyes para llevar herramientas y materiales. Estuvimos varias mañanas echando una mano”, confiesa José Manuel.

Muchas viviendas quedaron totalmente en ruinas, por lo que tuvieron que desalojarse y proceder a crear cientos de construcciones cuyos realojos terminaron en 2003. Los hogares que habían estado cerca de los arroyos se eliminaron y se prohibió la construcción de nuevos espacios en esa zona como método de prevención ante el riesgo de que volviera a ocurrir algo similar. Tal y como afirma el bombero de Badajoz, Antonio Romero Lucas, “los barrios del cauce del río no tenían licencia de obra. Se asentaron allí porque el terreno era barato pero era muy peligroso habitar ahí”.

Podría haber sido peor. El río Guadiana dio una tregua y su crecida se produjo el 7 de noviembre en vez de coincidir con el del Rivillas el día 6, lo que permitió minimizar los daños. “Estas cosas vienen de golpe, como una ola. Es la naturaleza. Dice la gente que si no hubiese estado el desguace no hubiese habido taponamiento, pero yo creo que ese no fue el motivo, simplemente llovió demasiado aquel día”, nos cuenta Romero.

¿Podría producirse algo similar de nuevo? La respuesta es sí. Meteorológicamente es probable aunque, por suerte, actualmente existe una mayor preparación en cuanto a previsiones y avisos de cara a los habitantes, algo que reitera Jesús López Santana, Director de Comunicación de Cruz Roja Extremadura por aquel entonces: “Una catástrofe natural no se puede evitar, pero hoy en día estamos más protegidos y tenemos más capacidades para prevenir y reparar los daños”. Ante estos acontecimientos, nos damos cuenta de que el ser humano es algo insignificante frente a la naturaleza y que un gran espíritu solidario y de apoyo a las víctimas puede reducir los daños que inevitablemente se produzcan.

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