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Lucas Garra y Manuela Monje: “Se recaudan millones de euros a favor de la lucha contra el cáncer que realmente no se sabe a dónde van”

Manuela Monje se ha convertido en la protagonista del último proyecto documental que su pareja, Lucas Garra, ha llevado a cabo. Su cáncer de mama supuso el punto de partida de “Karkinos. Triple Negativo. El cáncer de mama no es tan rosa”, una exposición documental que muestra los efectos del cáncer en la vida de una persona y que puede visitarse en el Museo Luis de Morales de Badajoz hasta el 27 de abril

¿Ver el cáncer como un mundo de color rosa es una cortina de humo que nos han querido vender?

Lucas: Respondería con dos planteamientos. Por un lado, es cierto que esas campañas sirven para unir, dar visibilidad y ver que no es una enfermedad única. Por otro lado, está la parte rentable y económica. Hay un gran negocio detrás a base de productos y de actos cuyos rendimientos económicos no van destinados completamente a la investigación y a la lucha contra el cáncer. Se recaudan millones de euros que no se sabe a dónde van.

Cuando se presentó el libro que dio pie a esta exposición, Lucas dijo que “el cáncer se ha rodeado de un positivismo forzado”. ¿Qué tenéis que decir respecto a esta afirmación?

Lucas: Cuando uno se enfrenta a un familiar que tiene cáncer de mama, te quedas bloqueado. No puedes decir “no te preocupes que todo va a salir bien” cuando sabes que, por dentro, esa persona piensa: “Estoy muerta de miedo, no sé qué va a ser de mí. Necesito gritar”. Entiendo el cariño con el que se dice, pero parece que hemos creado una sociedad en la que no nos importan los problemas de los demás. En esas situaciones, intentamos retenernos y es así como generamos un positivismo forzado.

Manuela: Es cierto que a veces necesitas alegrías, pero el cáncer no es bonito. Hay partes en las que se pasa mal, se tiene miedo, se está cansada e incluso no se tienen fuerzas ni para hablar. Y si alguien me pregunta cómo estoy y la respuesta no es positiva, parece que muestras una situación de derrotismo que la otra persona no desea escuchar. Eso sí, esto no es un reproche porque yo me he sentido muy querida atravesando esta enfermedad.

Y ahora que lo habéis vivido, ¿qué le diríais a otras personas que lo estén pasando?

Lucas: Decirle que pelee es absurdo, porque se supone que todo el mundo va a intentar hacer lo posible para curarse. Les diría que se dejen aconsejar todo lo que pueda por los profesionales de la medicina, que asuman someterse a la medicación aguantándola lo mejor que pueda y que se dejen querer y ayudar por los demás.

Manuela: Es un proceso que, de una forma u otra, se vive muy parecido en todos los casos de cáncer: hay una noticia que provoca un cambio en tu vida y en tu alrededor, se pasa por un periodo de duelo en el que uno acepta esa situación y, una vez que empieza el tratamiento, a pesar de los efectos secundarios, todo comienza a ser más llevadero.

En el libro hablas de cómo algunas empresas sacan provecho de la lucha contra el cáncer para su propio beneficio. Sin embargo, algunas asociaciones apoyan estas campañas. ¿Ha habido algún colectivo que se haya opuesto a tu investigación?

Lucas: En el libro está todo escrito. Manuela me propuso poner algo de color rosa en el libro, pero es que yo no le veo nada de rosa a esto. Es cierto que en alguna ocasión hemos debatido sobre ese color para la lucha contra el cáncer, pero en el libro está completamente plasmado a quiénes van dirigidos nuestros toques de atención.

¿Recordáis cómo comenzó este proyecto?

Lucas: Recuerdo nada más salir de la consulta, cuando nos acababan de dar la mala noticia, cogí el móvil y nos hicimos un selfie besándonos. Seguí haciéndole fotos hasta que un día, en una cafetería, le propuse hacer este proyecto sobre su proceso. Le dije que se lo pensara bien porque se iba a exponer física y emocionalmente. Ella aceptó y cuando tenía un bloque de imágenes, comencé a construir una maqueta para ver cómo podría narrar su historia; también establecí una especie de diario con sus palabras y sus textos.

Sinceramente, hay que echarle mucho valor para aceptar ser la protagonista de este proyecto ¿no?

Manuela: Yo tampoco era muy consciente de ello. Es cierto que yo le permití que lo hiciera; sabía la trascendencia, pero quizás me preocupaba más lo que pensaba mi familia y mis amigos que las imágenes que se tomaban. Aún así, yo no sabía qué iba a pasarme en mi proceso y cuando he visto el conjunto en completo he visto la dureza de muchas imágenes, tanto física como emocionalmente. Al fin y al cabo, son todas mis lágrimas, mi tristeza, mis momentos personales expuestos a un público.

Lucas: Manuela ha sido muy valiente por aceptar una propuesta como la de poder fotografiar su vida las 24 horas del día. Por supuesto que he frenado muchas fotos de momentos en los que no había que fotografiar, sino abrazar o llorar juntos, pero muchas personas no lo habrían aceptado.

¿Y ver el resultado en esta exposición no puede producirle miedo o temor a una persona que se esté enfrentando a esta enfermedad?

Lucas: Posiblemente cada persona hará su lectura particular. Esta exposición no es alegre, pero cuando se da esta noticia a un paciente, vea o no vea el libro o la exposición, el mundo se le para.

Manuela: Quizás, aquellas personas que van a afrontar un proceso de cáncer muchas veces tienen miedo a no saber realmente a lo que se enfrentan, a la quimioterapia, a la medicación o a otros procesos, por ejemplo. Lo bueno es también mostrar que yo sigo aquí, no es esperanzador porque puede ocurrir otra cosa, pero yo puedo transmitir ese mensaje para ayudarle.

VER VÍDEO

VER EXPOSICIÓN ‘Karkinos. Triple Negativo’

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