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ONCE nos enseña a jugar sin barreras

Terapia de la ONCE en parques con niños ciegos

Una actividad tan sencilla como salir al parque a jugar puede convertirse en una gran dificultad cuando un niño cuenta con una discapacidad visual. Desde ONCE pretenden poner remedio al asunto probando una nueva terapia y poder así normalizar el juego para todos los niños

Ojos que no ven, corazones que sí sienten. Esta es la conclusión que podemos sacar al conocer una nueva terapia que desde ONCE Badajoz han probado durante los últimos meses,  la cual intenta abarcar varios campos en un medio muy particular: el parque más cercano donde cada niño desarrolla su actividad social. Así, se trata desde las relaciones sociales entre los pequeños hasta el ajuste de la discapacidad visual a una actividad tan normal como jugar.

Pilar Sánchez, maestra especializada en apoyo a niños con discapacidad visual, es la creadora de la idea. “Parece mentira que una actividad tan cotidiana como salir al parque sea algo tan complejo para familias que tienen hijos con esta discapacidad”, afirma esta profesora haciendo alusión al momento en el que una madre le contaba cómo al llevar a su hijo al parque una vez, éste se convertía en un elemento muy extraño para el resto de niños y no lo volvió a llevar.

Terapia de la ONCE en parques con niños ciegos

Acompañarlos al parque ayuda a normalizar esta situación entre todos los chavales, y sólo basta con ver las sonrisas y el disfrute de cada uno de los pequeños nada más llegar. Cada uno cuenta con unas características personales muy especiales que los hacen únicos. El primero de los objetivos de esta actividad va dirigido a ellos y fundamentalmente pretende que se relacionen unos con otros basándose en actividades lúdicas y de entretenimiento. De esta forma se pretende que los niños sean más activos, que interioricen juegos y que sean protagonistas de actividades entre iguales.

El segundo objetivo está dirigido tanto a las familias como a los hermanos de los protagonistas de esta actividad. Ambos son elementos muy activos en cada una de las sesiones. “Queremos servir de modelo sobre cómo tienen que acercarlos al entorno, cómo tenemos que orientarlos, cómo mediar entre relaciones con otros niños y cuándo intervenir y cuándo no entre ellos”, explica Sánchez, para que luego las propias familias sean capaces de hacer lo mismo de manera independiente y que saquen a sus hijos al parque sin problemas.

Estos juegos se han desarrollado en los entornos más cercanos a los pequeños, en sus barrios, donde deben jugar habitualmente y, tras siete sesiones, la evolución ha sido espectacular. Han tenido niños con problemas visuales graves cuyos primeros acercamientos le producían ansiedad y nerviosismo al no conocer el entorno. Vivían una sensación de miedo que con el paso del tiempo ha desaparecido por completo. Una de las claves más importantes de este cambio ha sido el estudio inicial de los perfiles de esos niños para conocer sus debilidades y sus fortalezas. Con ellos, han logrado una cohesión total con el grupo completo.

Terapia de la ONCE en parques con niños ciegos

Después de cada sesión, los padres se reunían junto con los profesionales y entre todos evaluaban esta actividad en la que, aparte de Pilar, han trabajado Francisca Meléndez, Mariluz González, el psicólogo de la ONCE, José Antonio García, y la técnica en rehabilitación Francisca Rosa Márquez. La conclusión a la que ha llegado este equipo es que, si uno se ve capaz, uno mejora su autoestima y empieza a ser un elemento activo en las relaciones con los demás.

Esta actividad, la cual pretenden presentar a un concurso escolar de la ONCE, ha sido bien recibida tanto por los profesionales como por las familias. Pilar, coordinadora de la actividad, confiesa entusiasmada que “jamás pensé que fuera a salir tan bien. Me siento muy satisfecha por los resultados tan evidentes que se han producido”; mientras que, para Pedro Monty, padre de Irene, una niña de dos años con deficiencia visual que ha asistido acompañada de sus hermanos, “estas terapias son fundamentales y, para nosotros, los padres, está siendo un enorme aprendizaje porque nos han enseñado a movernos en un contexto como es un parque”. Además, es un continuo aprendizaje para sus hermanos, Miriam de seis años y Jesús de cinco, quienes asimilan también el juego y aprenden a relacionarse con Irene y más niños: “Resulta  muy enriquecedor compartir esta experiencia con los terapeutas de la ONCE y otras familias que viven nuestra realidad. Al hacerlo en este contexto, aparte de darle normalidad a la situación, nos ayuda también a crear lazos de unión y amistad con todos ellos”, confiesa Pedro.

De este modo, y aunque queda mucho por hacer, un proyecto innovador de la ONCE se convierte en una fórmula más para normalizar lo que ya debería ser algo cotidiano, y con el que se ayuda a que todos los niños disfruten de su infancia como debe ser, sin barreras y sin limitaciones.

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