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Paula Ángel-Valdés: “El mundo tiene muchas cosas que ofrecerte, tienes que salir de tu zona de confort”

Paula Ángel Valdés

Paula es una pacense de veinticuatro años que, tras vivir en la India, Turquía y Holanda, decidió emprender una aventura en el Amazonas para investigar el impacto que tiene la industria del aceite de palma en todo su entorno. Esta joven aventurera, que habla inglés, francés, portugués y castúo, nos cuenta cómo Brasil ha sido todo un desafío personal y profesional

Una viajera tan empedernida como tú, ¿por qué decide Brasil?

Brasil se me presentaba como un enorme reto, ya no solo profesional por la posibilidad que me daba la investigación de campo en esa zona, sino también personal, con el gran desafío que supone ser una mujer joven viajando en solitario allí. A punto de terminar mi máster de Desarrollo Internacional en Holanda, me propusieron dos destinos para desarrollar mi proyecto; Ghana , en África, o Brasil, en Latinoamérica. Hice una balanza y, para mi sorpresa, decidí que Brasil sería la decisión correcta por ser más “inaccesible” geográficamente.

¿Cómo recibieron tus familiares y amigos más cercanos esta noticia?

Para mi familia y amigos no fue ningún problema, ya están acostumbrados a que sea tan camaleónica. He vivido en la India, Turquía y Holanda, y mis padres siempre me enviaron desde pequeña a estudiar fuera de España. Lo tienen asumido, soy la hippie de la familia (ríe).

Háblanos de tu llegada a Brasil y el entorno que te rodeaba

Al principio estuve en la ciudad de Belém, capital de la región de Pará, y el resto del tiempo viví en un asentamiento llamado Calmaria II, en la denominada “franja agrícola” del Amazonas. La vida en el asentamiento es muy diferente a todo lo que había conocido hasta entonces. El transporte público no existe, los caminos están embarrados y las casas a varios kilómetros unas de otras. La vida allí es muy monótona. No tienen red WiFi, claro, pero tienen televisiones, aunque es como si no las tuvieran. Los momentos de ocio consisten principalmente en sentarse en el porche de las casas y charlar con los vecinos.

Paula Ángel Valdés¿Y cómo es tu día a día en Brasil?

Un día normal me despertaba a las cinco de la mañana, hacía las cosas de la casa con la familia con la que me alojaba, iba a los cultivos a ayudarles y cuando tenía más confianza con ellos, los entrevistaba. Tenía que mimetizarme con sus valores culturales para entender cómo vivían y poder justificar la esencia de mi estudio. Al terminar el día, dormía en una hamaca en el porche de la casa, y me mataban los mosquitos (ríe). Cada dos días cambiaba de familia y repetía más o menos la misma rutina. Pasó a ser una experiencia de mucho aprendizaje y muchísima meditación.

Si tuvieras que contarnos qué es lo que menos te ha gustado y lo que más te ha gustado de tu experiencia, ¿qué sería?

Lo que menos me ha gustado es la desorganización que hay en el país, con la burocracia y en el sector laboral igualmente. Cuando vas a recoger ciertos papeles o buscas ayuda, todo está sin organizar. Al final, aprendes a ser proactiva porque sabes que vas a tener que hacerlo todo tú; es otro aprendizaje más.

Y, sin duda, lo que más me ha gustado y sorprendido a la vez, es el carácter que tienen los brasileños. Son increíblemente cálidos y hospitalarios, te ofrecen todo, y prefieren quedarse ellos sin nada pero que tú estés cómoda. Imagínate que llegan a tu casa y te dicen de repente que una chica va a dormir allí un par de días (ríe); en España esto es impensable pero allí les faltaba tiempo para aceptarme.

Y hablando de cocina, ¿gastronomía pacense o brasileña?

¡Pacense por favor! (ríe) De Brasil echo mucho de menos salir todos los días fuera de la casa, coger un coco y beberme su agua, pero la dieta es demasiado, siempre comidas muy pesadas, con arroz, alubias, carne, tallarines… todo mezclado. Nunca diré cuanto he engordado en mi etapa brasileña (ríe). Allí he intentado cocinar platos españoles, de he hecho hice unas cuantas tortillas de patatas, pero nada como bajarte a un bar a pedirte una tapa y un vinito blanco (sonríe).

Entonces, ¿le encuentras algún parecido a la vida en tierras pacenses con las zonas brasileñas?

Yo creo que el mayor parecido es la personalidad. Ambas culturas son muy “pícaras”, pero pícaras en el buen sentido, es decir, simpáticas y con salero. Tienen una forma de vivir la vida apreciando lo que se tiene, no siendo conformista, sino más bien un tengo lo que tengo y soy feliz con ello.

¿Qué te habrías llevado de Badajoz si te hubieran dejado?

¿Todo? (ríe). Me hubiera llevado sin duda el Casco Antiguo. La vida allí es muy tranquila, demasiado. He disfrutado mucho de la naturaleza, de otro tipo de vida y otra experiencia, pero créeme que no es fácil vivir tan desconectada durante tanto tiempo.

Paula Ángel Valdés

Por lo que nos cuentas, seguro que tienes alguna anécdota curiosa que compartir con nosotros.

Tengo una anécdota curiosa y algo bochornosa en relación con la diferencia de vocabulario y de expresiones brasileñas. Cuando hacía las entrevistas a las familias, siempre repetía mucho la frase de “no quiero molestaros” y la gente me miraba un poco raro hasta que, una señora con la que tenía mucho trato, me dijo “Paula, es mejor que digas ‘no quiero incomodaros’ porque molestar aquí significa algo así como acosar sexualmente”. Me sentí muy avergonzada, sobre todo porque mi estudio era de género.

Y por último Paula, ¿qué consejo le darías a alguien que quisiera embarcarse en una experiencia como la tuya?

Quizás mi experiencia no es muy convencional, pero mi consejo se puede aplicar a cualquier cosa que desees hacer en la vida: abre tu mente y no tengas miedo, hay que salir alguna vez  de la zona de confort. Debes quitarte todas las inseguridades que se te planteen porque al final todo está en tu mente y somos los únicos que nos limitamos a nosotros mismos. Sé humilde y acepta que lo que vas a ver no tiene nada que ver con cualquier cosa que hayas imaginado en tu cabeza.

Empápate de todo lo que puedas porque, aunque es verdad que es duro, tienes que comprender que se trata de una etapa que te ayudará a aprender y crecer personalmente. Hay que descubrir todo lo que hay ahí fuera, que es mucho, e incluso seguro que encontrarás situaciones idénticas de tu cotidianeidad y muchos pacenses. El mundo tiene muchas cosas que ofrecerte, y todo lo que recibes a cambio cuando viajas es maravilloso.

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