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Pedro Daniel Pajares: “En una actuación, estar nervioso es estar vivo”

Tras hacerse con el triunfo en la final nacional de Famelab, el concurso de monólogos científicos que organiza la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología), este cacereño que estudia Matemáticas en la Universidad de Extremadura representa a España en la competición internacional que se celebra en Cheltenham el 7 y 8 de junio

¿Por qué decides apuntarte a Famelab?

Sigo Famelab desde hace tiempo aunque nunca se me había ocurrido participar en él. La UEx organizó un curso de monólogos científicos el año pasado y, como no tenía más exámenes parciales, me apunté. Me gustó y pensé que si terminaba bien el primer cuatrimestre, me presentaría al concurso. Y así fue. Concretamente, me apunté el último día, unos 15 minutos antes de que se acabara el plazo, y no me arrepiento para nada.

¿Qué te ha aportado la competición personalmente?

He conocido a personas que me han enseñado mucho y con quienes he compartido un interés común: divulgar. Aunque esto ha sido un concurso, no ha habido competitividad en ningún momento. Si estás apuntado a un certamen de este tipo, hay que ser consciente de que es para participar y aprender, y no para lograr el premio… más que nada porque no hay… (Sonríe).

¿Cómo ideas cada uno de los monólogos?

Pienso qué quiero contar y luego veo cómo puedo explicarlo. Por ejemplo, el primer monólogo surgió pensando si habría algún matemático romano, porque son conocidos muchos que fueron griegos pero ninguno que fuera romano. A partir de ahí pensé, ¿y si los romanos hubieran tenido matemáticas? ¿Habría cambiado algo? Y como con este primer monólogo hablaba del pasado, con el segundo quise hablar del futuro y con el de la final combiné ambas cosas.

¿Qué podrías contarnos sobre el monólogo para la competición internacional?

En él habrá bolas peludas, donuts peludos y, aunque lo vaya a contar de otra forma, será similar al de la final española. En la final internacional, cuenta más el contenido que el humor. Además, si me paso de los tres minutos de tiempo máximo, me pueden penalizar o incluso descalificarme. Por cierto, se me olvidaba decir que lo tengo que contar en inglés…

¿Cómo lo vives cuando estás sobre el escenario?

Pensé que estaría nervioso pero llegué a estarlo mucho más en el ensayo previo que en la actuación. Recuerdo que el segundo monólogo lo ensayé haciendo todos los gestos hacia un lado y, cuando llegué, me enteré de que el jurado se sentaba en el lado opuesto así que tenía que cambiarlo todo. Durante esos minutos de “recolocación mental” estuve muy intranquilo, pero en la actuación no. Estábamos allí para pasarlo bien y eso es lo que hice.

¿Cuantos ensayos hay detrás de cada monólogo?  

En mi caso, paso más tiempo haciendo cambios en los textos que ensayándolos. Fueron bastantes ensayos, los cuales grabo con el móvil. En él tengo un montón de tomas falsas y confusiones. Por mucho que ensayes, siempre se te puede olvidar el texto, decir algo que no toca, o te puede salir un gallo…  

¿Cómo has compaginado los estudios con esta actividad? 

La verdad es que los he compaginado mal. Quieras o no, hay que dedicarle tiempo y, aunque se lo quites al tiempo libre y a las horas de sueño, también se lleva algo del tiempo para estudiar. Es lo que tiene que la final coincida con los exámenes finales y no puedas prepararte el monólogo de antemano. Eso sí, estoy intentando hacer lo mejor posible en ambas situaciones.

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando dijeron que eras el ganador nacional?

En primer lugar pensé: “¿En serio?”. Luego lo viví con mucha alegría, pero después también asimilé la gran responsabilidad que desde entonces tendría. ¡Voy a representar a mi país ante algo internacional y el resultado de Eurovisión está muy reciente aún!

¿Estás nervioso?  

Pues sí. Quedan tres días y acabo de cambiar medio texto (sonríe). Al fin y al cabo, estar nervioso es estar vivo. Pero espero que, cuando llegue el momento y como me ha pasado en las otras ocasiones,  los nervios se pasen.

¿Es posible mezclar ciencia y humor?

Es posible y funciona. Mezclar ciencia y humor no significa perder el rigor pero tampoco hay que entrar en demasiados detalles. Al fin y al cabo, esto trata de despertar la curiosidad de las personas por la ciencia y, si se quedan con ganas de más, seguro que buscan más información por su cuenta.

¿Crees que humor y ciencia puede ser una fórmula nueva para educar a nuevas generaciones?  

El humor puede ser útil para despertar vocaciones en las personas, pero para educarlas íntegramente, es más complicado. Las clases no pueden ser a base de contar chistes. Sin embargo, el mundo ha cambiado mucho en estos últimos 50 años mientras que la forma de enseñar sigue siendo muy similar, por lo que está claro que algo debe cambiar en la educación.

Sé que cada día en Twitter aportas un dato científico curioso, ¿cuál podrías incluir en esta entrevista?

Hay uno que me gusta mucho porque cuando lo descubrí, no me lo creí y tuve que comprobarlo. Es el dato número 136: La ley de los números anómalos de Benford dice que si coges una lista de números que tengas por ahí, por ejemplo, lo que pagas de luz cada mes, lo que te queda de pagar de hipoteca o el número de la calle donde vives, la probabilidad de que el número empiece por 1 es del 30%; que empiece por 2 es un 17.6%, por 3, un 12.5% y sigue bajando hasta el 9, con un 4.6%. Es una escala logarítmica. Y lo comprobé; accedí la web del INE, descargué los datos de todos los pueblos de España, hice una hoja de Excel con el número de habitantes de cada pueblo y es impresionante que la teoría acierte de pleno. El resultado no lo he enseñado en ningún lado todavía, pero tengo intención de hacerlo.

Qué curioso, ¿y piensas seguir con los monólogos tras acabar el concurso?  

Es algo que haré hasta involuntariamente (sonríe).

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