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Recordando a Juan Luis Galiardo

Juan Luis Galiardo fue homenajeado en la RUCAB con la presentación de una biografía y la proyección de un documental sobre la figura del actor

Recientemente se presentó en la Residencia Universitaria de Fundación CB (RUCAB) el libro Juan Luis Galiardo. Exuberante voracidad, una biografía sobre Juan Luis Galiardo escrita por el cineasta e historiador extremeño Jesús García de Dueñas que ha sido editada por la Diputación de Badajoz para su colección “Festival Ibérico de Cine”. Acompañando la presentación del libro, se proyectó el documental Galiardo, realizado por Agustín Pisonero y producido por José Luis García Sánchez y Pedro Costa en 2012, que aborda la trayectoria profesional y vital del conocido actor.

El autor del libro, que estuvo presente en el acto, entre palabras de cariño y admiración hacia la figura de Galiardo dejó claro que no se trataba de una biografía más sino la de un amigo que compartió años de juventud y anécdotas con el actor. “Ha sido un trabajo muy agradable y gratificante (…) porque es la primera vez en mi vida y creo que será la última en la que se me ofrece la oportunidad de biografiar a un amigo”. Jesús García de Dueñas conoció a Galiardo y fue compañero suyo en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, donde ambos coincidieron allá por los años 60. De esta época recuerda “cuando los dos éramos jóvenes y participabamos en la alegre y confiada vida nocturna madrileña”. Después de eso, sus caminos se separaron y solo volvieron a coincidir ocasionalmente, pero jamás se borró de su memoria aquella “amistad entrañable”, como la califica el propio escritor.

El documental intercala secuencias de películas en las que intervino Galiardo y testimonios de intérpretes y directores que trabajaron con él, además de fragmentos de entrevistas que nos acercan al verdadero Juan Luis Galiardo, a cómo era y qué pensaba el hombre detrás del personaje.

“Con lo nuestro Dostoievsky no escribiría ni media página”, con esta genial cita de Rafael Azcona reproducida por Juan Luis Galiardo en una de sus últimas entrevistas en televisión daba comienzo el documental. A lo largo de sus 48 minutos de duración, un montaje ameno y repleto de ritmo nos va desgranando la vida de este animal cinematográfico, desde su ingreso en la Escuela de Cine de Madrid en el año 1961 a su asignación, y posterior hartazgo y disconformidad con el rol de galán del cine español.

Galiardo aparece rememorando lo politizada que estaba por aquel entonces la escuela de cine, y cómo a él lo respetaban porque “era un relajante, el prototipo del ligón, del caradura, del simpático”. Otra de las cosas que recuerda de sus inicios en el mundo de la interpretación es la especie de meritoriaje que tenían que pasar los actores entonces, teniendo que trabajar prácticamente gratis y de extra en producciones.

Asistimos a las respuestas ingeniosas y de gran lucidez que dio el actor en sus apariciones televisivas, auténticas perlas como cuándo le preguntaron sobre su calidad interpretativa y respondió que él no era un creador de obras sino un “recreador” y que su situación la regían unos vendedores de películas y unos consumidores, o cómo cuando aseguró que “un actor sin personaje se considera un bulto sospechoso”. Todas ellas, declaraciones que dejaban constancia de su gran personalidad.

El documental retrata sus luces y sombras: cómo a partir de protagonizar la película Mañana será otro día en el 67 su carrera empieza a trascender y TVE remata su lanzamiento con una serie de zarzuelas que tuvieron gran repercusión; que Pedro Masó fue el primero en sacarlo como galán; su ciclo italiano con unas 6 coproducciones en las que trabajó con estrellas como James Mason y Sophia Loren; el accidente en el que acabó con graves quemaduras mientras rodaba una escena en el desierto de Almería; sus partidos de tenis con Charlton Heston, al que conoció en el rodaje de Marco Antonio y Cleopatra

Cuando ya conocía el éxito y rondaba la treintena, el miedo al compromiso con la  profesión de actor que para él había sido antes como un juego le sumergió en una profunda depresión que le tentó al suicidio, no se sentía a gusto con el papel que le habían asignado de guapo oficial, seductor y tonto…Un papel que se fue resquebrajando y reciclando en el de Don Juan atormentado. Interpretar a El Quijote fue algo clave en su vida y el teatro, su refugio.

Juan Luis Galiardo siempre quiso reinvindicar, según sus propias palabras, su “carrera de actor, no de figurón” y con los años fue sintiéndose a gusto en el traje: “Me siento orgulloso de ser de la raza de los entretenedores”, dijo en cierta ocasión, pues para él llegó a ser algo terapéutico. Huérfano de madre, bebedor, fumador y jugador empedernido, colérico y errático (como solía autodescribirse), Galiardo confesó en una de sus ultimas apariciones cómo había aprendido a perdonarse y  a desapegarse de las cosas para sufrir menos, para “morir ligero de equipaje”.

Sincero, singular y entrañable… Juan Luis Galiardo fue y será uno de los grandes del cine.

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