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Subterráneos, la luz de las entrañas

El pasado 30 de septiembre Subterráneos estrenó su segundo EP “Maybe there is a light but we cannot see”. Un trabajo de seis temas grabado en el estudio de Paco Loco, en el Puerto de Santa María (Cádiz). Iván Ayuso habló con José Luis Muñoz y Mónica Agudo, alma y corazón de Subterráneos.

La vieja cafetería de la facultad. Recuerdos. Dos cafés. Un zumo de piña. Angelito. Muchos parroquianos a esas horas de la mañana. Y José y Mónica alrededor de la mesa. Subterráneos nació en 2011. Ambos se encontraban de Erasmus en Nantes y compraron una acústica con la que empezaron a componer sus primeras canciones. El disco está lleno de instantáneas de esa época. “En mi lomográfica tenía un carrete lleno de fotografías de esos días… así que qué mejor que envolver el disco con esas fotos”, me cuenta Mónica.

José bautizó a la criatura como Subterráneos. Un nombre que Mónica aceptó como un hijo acepta el nombre que le pusieron sus padres, aunque reconoce que de entrada no le gustó. “Subterráneos siempre me ha gustado porque fue el primer nombre que utilizaron Los Planetas”, me cuenta José, “al final el nombre es algo que construyes poco a poco. Yo he tenido la experiencia de otro grupo en el que toco, Los Isabelinos. A ninguno nos gustaba ese nombre pero con el paso del tiempo, los conciertos, las vivencias… al final se nos quedó grabado a todos”. Y es que Subterráneos no es la única incursión de José y Mónica en el mundo de la música. José también grabó este año un disco con su otro proyecto, Los Isabelinos. Otro rollo, es un rock&roll en castellano más clásico, digamos, más del palo de Los Rodríguez o Tequila”. En cambio, Mónica, con dieciocho años monté un grupo con una amiga y con mi hermana. Las Puny Rats, las ratas enclenques (risas)”.

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El camino de esta pareja ha sido de crecimiento constante. Algo que ha afectado a su sonido y al número de componentes del grupo. Ganar un concurso en Valencia los completó como cuarteto, con bajo y batería: “cuando ganamos el #XperiaFest Sony Mobile tocamos en un escaparate y necesitábamos una banda. Así que montamos el grupo en una semana, entre amigos”, dice Mónica.

Pese a las pequeñas conquistas y a haber salido del cascarón como banda, en ese momento ambos notaron que algo se les estaba yendo de las manos y decidieron parar para hacer callo y forjar su sonido. José me cuenta que “el principal obstáculo a la hora de formar un grupo es la seriedad, dentro de ciertos límites. Está claro que esto no es un trabajo”, aunque ellos sí querían tomárselo, en cierto sentido, como tal. “Cuando tocamos no hacemos una taquilla suficiente como para sacar rendimiento económico. Así que lo afrontamos como un trabajo a la hora de crear una trayectoria, de ir construyendo un camino. Y para eso precisas una exigencia que no todo el mundo está dispuesto a afrontar. Es difícil dar con gente así”.

Maybe there is a light but we can not see (auto editado, 2016) suena a los 90, a su infancia. José había sido muy fanático de Oasis, “recuerdo que cuando existía Del 40 al 1 solía jugar con los colegas al fútbol detrás de mi casa y terminábamos para ir a ver el programa, con Fernandisko… (risas) para ver y escuchar Wonderwall, Don´t look back in anger…” José y Mónica coincidían en gustos, aun sin conocerse. “A mí también me gustaba mucho Oasis, mi hermano los escuchaba y he crecido con ellos. También me gustaban Garbage, No Doubt, Blur…” El disco se sube a esa ola del britpop, que muchos creíamos ya extinta, y te sacude los oídos con sus melodías pegadizas y su sonido desnudo. Subterráneos nos cantan en la lengua de Shakespeare sobre la incapacidad de escapar a nuestra rutina, el miedo a crecer, a perder la vitalidad, las responsabilidades del mundo en el que vivimos, las apariencias…

El EP se grabó en enero en el estudio de Paco Loco, gurú del pop independiente. José y Mónica tenían claro que querían trabajar con él. “Nos gustaba mucho su trayectoria” me comenta José, “ha grabado a todo tipo de grupos: Bunbury, Nacho Vegas, Triángulo de amor bizarro o gente de fuera como Jayhawks…” Gracias a sus confesiones descubrí una de las debilidades de Paco, “le gustan un montón los bollos de leche de La Cubana (Badajoz) y cada vez que un grupo de aquí va a grabar a su estudio tiene que llevarle un paquete de bollos (risas)”. Paco Loco también ha sido parte, sin proponérselo, del primer videoclip de Subterráneos, Big bad boss.  “Cuando estábamos grabando con Paco yo estaba todo el día preguntándole cosas, el pobre tuvo una paciencia infinita conmigo (risas). Y le pregunté qué pensaba de hacer un videoclip de este tema y cómo podíamos grabarlo y nos dijo: ‘¡bailando!’ (risas), y ahí quedó la cosa. Ya hablando con el autor del videoclip, Diego Cabezas, nos dice: ‘mira tío, creo que el videoclip va a ser bailando’ (risas)”.

De cara al futuro sus planes son grabar nuevo material y seguir moviendo el disco que acaban de parir: “mientras podamos coger el coche sin problemas queremos movernos lo máximo que podamos”.

Quizás hay una luz pero no podemos verla, “en Internet hay miles de grupos y hay una especie de techo de cristal. Por más que hagas el impacto es muy pequeño”, concluye Mónica, “nosotros no queremos la luz, pero todavía tenemos ilusión por seguir adelante”.

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