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Una terapia a galope

La Asociación de Zooterapia de Extremadura (AZE) nos abre las puertas de sus instalaciones situadas actualmente en San Rafael de Olivenza para conocer las intervenciones asistidas con caballos junto a personas con discapacidad.

Con 16 años de experiencia a sus espaldas, la AZE inició una nueva etapa hace cuatro años, cuando, debido a la crisis, se vio sin subvención y con muy pocos fondos para seguir adelante. La solución fue mudarse a una finca más grande donde, además de las terapias, realizan actividades ecuestres, lúdicas, de formación y de investigación. Su fin principal son las terapias, pero las otras actividades les ayudan a financiarse sin subir el precio de su actividad más importante.

lgm-zooterapia-cuerpoEsta organización pacense cuenta con un equipo multidisciplinar de fisioterapeutas, educadoras especiales, sociales y psicopedagogas, expertos en el mundo del caballo, además de un grupo de voluntariado. Algunos de sus componentes tienen el grado más alto de formación en intervenciones asistidas impuesto por la FETE (Federación Española de Terapias Ecuestres).

En la primera toma de contacto, el usuario, acompañado de su familia, realiza una visita a la finca, les explican qué se puede conseguir con las terapias y la familia les cuenta qué es lo que ellos quieren alcanzar. A partir de ahí, el equipo de AZE realiza una valoración multidisciplinar con la que deciden cuál es el perfil de seguimiento más idóneo para esta persona. Dependiendo de su discapacidad (sobre todo, parálisis cerebral o Trastorno del espectro autista), algunos usuarios corresponderán al “área física” y otros al “área educativa”. Una vez que empieza la terapia, cada usuario tiene su terapia individualizada y una programación con todos los aspectos que se van a tratar durante el curso.

Acompañados de Cristina Ruiz, educadora especial, psicopedagoga y coordinadora de la AZE, pudimos ser testigos de varias terapias. Los usuarios llegan a las cuadras donde preparan a su caballo, lo cepillan y le ponen la manta y el cinchuelo con las ayudas que requiera. De ahí, lo llevan hasta la pista, donde hay una rampa de acceso con la que, quienes la necesitan, se suben al animal sin problema. Después, arranca la sesión con uno o dos auxiliares en la pista cubierta, aunque también utilizan el campo o la pista exterior. Al terminar, vuelven a la cuadra, le quitan todos los utensilios y se despiden del caballo, el cual requiere de una preparación exhaustiva para que no haya ningún riesgo durante las intervenciones.

Conocimos la terapia de un niño con autismo. Su hermano ayudaba  en ella. Una serie de juguetes y la propia arena del terreno (muy bien cuidada) eran otros elementos que se usaron durante los 45 minutos de la intervención. El padre, viéndolo junto a nosotros desde fuera, nos dejó unas bonitas palabras sobre este tipo de terapias: “Todas las terapias son buenas, pero como esta, ninguna”. Porque vimos a un niño feliz montado en un animal. Porque vimos a un animal sacándole una sonrisa a un niño.

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