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El camalote, catorce años de invasión en el Guadiana

El río Guadiana sufre desde 2004 su peor crisis provocada por el camalote, una especie invasora casi imposible de erradicar. En la actualidad sigue padeciendo los síntomas y, aunque se aprecia mejoría, el problema no ha desaparecido aún tras realizar medidas de contención y extracción

Desde hace unos catorce años, el camalote infecta al río Guadiana, especialmente en los tramos que abarcan desde Medellín hasta Badajoz. De nombre científico impronunciable para aquellos que no pertenecemos a ningún campo de estudio relacionado con la biología (Eichhornia crassipes), el origen del jacinto de agua o camalote en nuestra región es incierto. La creencia popular, basada en el uso de la lógica, es que la planta acuática de origen amazónico llegó hasta el Guadiana debido a que un particular se deshizo de ella arrojándola al agua. La consideración de la especie como “exótica” y la categoría de ornamental que recibe en América del Sur, tal vez sedujo a algún habitante extremeño a hacerse con la planta que, por algún motivo, no terminó siendo de su agrado, y creyó oportuno depositarla en nuestro río. Una práctica la de tirar desperdicios a éste que, como demuestra el agónico estado del agua, parece no ser, en absoluto, descabellada. Este origen de la planta en nuestra tierra, más próximo a las leyendas o a los mitos que a la verdad corroborada y contrastada, es todo lo que pacenses, emeritenses, metelinenses y extremeños en general tienen para explicar el por qué sufren la amenaza del camalote, que acaba con la riqueza de su ecosistema natural y supone la inversión de ingentes cantidades de dinero en un remedio que no apalia la enfermedad.

Incluido en la lista 100 de las especies exóticas invasoras más dañinas del mundo elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el camalote es un problema que trae de cabeza a diferentes sectores de la sociedad extremeña, pero que afecta a todos los habitantes de nuestra región. Pero ¿por qué esta planta se ha convertido en la lacra de un Guadiana ya de por sí maltratado por la contaminación intencional de sus aguas?

El primero de estos motivos es que nuestro río y nuestra región cumplen con los requisitos que el hábitat del camalote necesita para hacer que la planta crezca y se reproduzca. Ya no solo por el agua dulce del Guadiana y las temperaturas cálidas y del sofocante calor en verano de nuestra tierra, si no que aguas contaminadas con metales pesados, como el cobre o el plomo, no limita su crecimiento, ya que la longitud que alcanza el jacinto de agua ayuda a enraizar en las profundidades del río y anclarse en el suelo. Cuando los ríos experimentan grandes crecidas, la fuerza del agua provoca que el camalote entrelace sus raíces con la de otras plantas de camalote próximas, formando grandes islas camalotales que flotan sobre la superficie del río. Este fenómeno, además de arrastrar a plantas y animales autóctonos, provoca que los peces no capten el oxígeno suficiente para vivir, ya que el jacinto de agua, al quedarse en la superficie, bloquea tanto el paso de la luz como del aire a las zonas más profundas del Guadiana.

El segundo gran motivo es la prácticamente imposibilidad de erradicarlo. Cualquier tallo, rama o semilla, hace que la planta crezca de nuevo. Esta particularidad entronca directamente con el tercer gran motivo por el que el camalote no ha desaparecido de nuestro entorno fluvial: la falta de inversión. Más de 160 kilómetros del río están afectados por el camalote y, en la labor de solucionar el problema, encontramos a la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Más de 31 millones de euros invertidos en medidas de prevención y retirada del camalote a través de un equipo de 100 efectivos, una treintena de embarcaciones, camiones y retroexcavadores que, a lo largo de 2017 y el primer trimestre de 2018 han retirado más de 185.000 toneladas del jacinto de agua. Estas acciones, aunque están ayudando a paliar los males del camalote en el Guadiana, no parecen ser lo suficientemente efectivas como para acabar con la plaga, por lo que, del descontento general de la gestión del jacinto de agua, nace la Plataforma Ciudadana #SOSGuadiana. Gracias a su implicación en el problema, logran dar mayor visibilidad al asunto, y llegar allí donde las administraciones no lo hacen. La plataforma, por ejemplo, a través de la eurodiputada Clara Eugenia Aguilera García, ha hecho que el asunto del camalote esté presente en el Parlamento Europeo.

Otro colectivo volcado en la causa es la de los piragüistas. La práctica del piragüismo dota a nuestro maltrecho río de vida, donde grandes atletas se forman y participan en competiciones, como el XIX Campeonato de Extremadura de Invierno de Piragüismo, que debió celebrarse en Mérida el pasado día 11 de marzo. Pero la rotura de barreras de contención del camalote, debido a la intensa lluvia y viento producida esas semanas, ha provocado que la planta se dejase ver de nuevo por los tramos urbanos del río a su paso por la capital autonómica, impidiendo así la celebración del acto.

A pesar de todo esto, hay quien intenta hacer negocio con el camalote. Aunque su venta está prohibida en nuestro país desde que fuese incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por Real Decreto 630/2013 de 2 de agosto, y una norma europea lo prohíba desde diciembre de 2016, el pasado mes de enero, Salvemos el Guadiana denunció ante el Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil), la comercialización del camalote a través de internet. Y es precisamente este interés económico el que preocupa a la Confederación Hidrográfica del Guadiana, ya que un lucro proveniente del jacinto de agua favorecería su desarrollo en otros lugares del mundo.

Por tanto; ¿cuál es la solución a la invasión del camalote? Aunque la planta podría usarse como compostaje o biomasa, su extracción total sigue necesitando una fuerte inversión que difícilmente se obtendrá desde los organismos públicos. Y desde el sector privado, sus intereses económicos podrían, incluso, agravar el problema si el proceso no se organiza adecuadamente.

Así, el Río Guadiana, el río que divide en dos nuestra ciudad, que nos dota del recurso natural más vital, recibe otro golpe mortal a manos del hombre.

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