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Carmen Solís: “Subir al escenario con la Orquesta de Extremadura me hace sentir feliz y orgullosa”

Desde las aulas del Conservatorio Superior de Música de Badajoz a los mejores escenarios. Un camino dilatado y con esfuerzos que tiene como recompensa el aplauso y el reconocimiento del público. Así es Carmen Solís, soprano que actuará esta noche en el Palacio de Congresos de Badajoz durante el concierto de la Orquesta de Extremadura dirigido por Miguel Romea

Cuando llevas a alguien a escuchar ópera por primera vez, sabes que asumes un riesgo. Algo parecido ocurre con el jazz y otros géneros. Dependiendo del impacto,  estaremos consiguiendo un gran aficionado o alguien que no volverá a repetir. ¿Qué recomendaría para quienes quieren probar por primera vez el mundo operístico?

Todo depende del carácter y los gustos de esa persona. Si sabemos que le gusta el cine western, sin dudarlo hay que llevarlo a ver La Fanciulla del West de Puccini; si adora a Shakespeare, tenemos Falstaff, Otello o MacBeth de Verdi, o Romeo y Julieta de Gounod.  Pero si no los conocemos, de entrada no le llevaría a alguna ópera que fuese excesivamente larga –Wagner suele ser un riesgo-, pero cualquiera de Mozart de la trilogía de Da Ponte es una buena opción, aunque no son precisamente cortas. La Traviata de Verdi o Carmen de Bizet, suelen ser un acierto, por la cercanía del argumento y la música, que es conocida por todo el mundo.

Hay un instante en el que los aplausos se han apagado y la embriaguez del instante desaparece. ¿Qué es la mejor parte de tu profesión?

Es verdad que cuando acaba el concierto sientes que hay mucho silencio pero a la vez se mantiene “el subidón”. Por eso me encanta poder disfrutar luego de una conversación y un vino para brindar con los colegas con los que has compartido escenario, o con la gente querida que ha ido a escuchar. Son la parte bonita del después, y gran parte de lo que merece la pena de este trabajo: relacionarte con las personas y conocer a gente interesante.

Sin duda has elegido una de las profesiones que más satisfacciones ofrece, pero que al mismo tiempo pide a cambio entrega total y mucho sacrificio. ¿A veces siente uno ganas de tirar la toalla?

Hasta ahora nunca lo he pensado. Creo que todos los trabajos conllevan una renuncia y una parte odiosa o dolorosa, que en el caso de los cantantes suelen ser los viajes y tener que estar lejos de la familia, y a mi concretamente, separarme de mi hijo. Mi parte buena es precisamente subirse al escenario, la posibilidad de seducir al público, entregarnos con generosidad y ser poderosos o vulnerables, hace que nos sintamos afortunados y que cualquier esfuerzo merezca la pena.

En una ópera podemos encontrar casi todas las artes. El libreto, que es un ejercicio literario, las coreografías o danzas, la sección de la orquesta, la dramaturgia que sitúa a los personajes o la voz, tanto en su sesgo solista como coral. ¿Podríamos decir que la ópera es el espectáculo absoluto?

Así es. Cada función es algo nuevo y real, donde una cantidad enorme de personas están trabajando para que el público disfrute y se implique en la historia. Hoy día estamos demasiado acostumbrados a ver todas las expresiones artísticas a través de una pantalla y en diferido. Disfrutar de la ópera en vivo y en directo es algo único y milagroso que se está convirtiendo cada vez más en algo necesario.

Los personajes fuertes en la ópera suelen ser femeninos: la hermosa historia de Madama Butterfly o la desdichada Mimí de La Bohème. ¿Le tiene un especial cariño a alguno? ¿Cuál es a nivel técnico el desafío mayor o el personaje más carismático que le gustaría interpretar?

Imposible no emocionarse ante semejante música, argumentos y personajes que me mencionas. Pero nada comparado cuando tuve que enfrentarme por primera vez al estudio de Madama Butterfly, que incluso llegué a pensar que aquello era imposible de afrontar. Las complicaciones a nivel de técnica vocal son numerosas y a nivel escénico es muy antinatural -imagínese lo que es para una mujer extremeña hacer de niña japonesa-, a lo que hay que sumarle toda la carga emocional de un personaje que  lo siente todo. Es un reto maravilloso y por eso al que más afecto le tengo.

También le tengo un cariño inmenso al rol de Floria Tosca, que lo hice por primera vez en Bilbao y Pamplona cuando mi hijo tenía unas semanas de vida solamente. Este debut fue un antes y un después en mi trayectoria artística y en mi vida personal puesto que era un sueño hecho realidad. En 2019 cumpliré el de interpretar a Liú de Turandot, aunque me quedan muchos por cumplir como Manon Lescaut o Elisabetta de Don Carlo, que considero grandes desafíos.

¿Qué significan para tí las artistas Montserrat Caballé y María Coronada?

Caballé ha sido y será siempre una de las mejores cantantes de la historia y la mejor soprano que ha dado este país. He crecido musicalmente escuchando sus grabaciones y siempre ha sido una importante inspiración para mí. Esos pianissimos y la capacidad aérea en el fraseo han sido únicos e inigualables.

María Coronada es mi maestra desde que empecé con diecisiete años a estudiar canto en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz, y en mi vida es una persona  necesaria. Es referente y ayuda en cada paso profesional que doy. Gracias a ella me entusiasmé con el canto y decidí a dedicarme a este oficio. Quienes hemos tenido la suerte de tenerla como profesora nos sentimos afortunados, y no sólo por su genialidad y por todos los conocimientos y vivencias transmitidos, sino también por ser un ser humano maravilloso.

Carmelo Solís es en mi opinión una de las mentes más privilegiadas de este terruño. ¿Influyó tu tío en la orientación de tu carrera?

En mi familia siempre ha habido tradición de cantar o tocar instrumentos, sobretodo por la influencia de mi tío Carmelo Solís, que fue director del del coro y del Conservatorio de Badajoz y profesor de Musicología. Con siete años comencé piano y entré a cantar en la escolanía, y más adelante con 14 años en el coro. Los mejores recuerdos de mi infancia y adolescencia son, sin duda, las tardes de ensayos y los conciertos. Pero profesionalmente decidí dedicarme a la música cuando empecé a estudiar canto, a los 18 años, con la soprano Maria Coronada, siempre apoyada por mis padres y muy bien aconsejada por mi tío Carmelo, que fue mi primer gran maestro.

Qué prefieres, ¿un recital cercano con pocos pero fervientes espectadores, o una producción espectacular de las que hacen época?

Ambas cosas tienen su encanto. La relación con el público en lugares históricos e íntimos o los recitales de lied en salas pequeñas, son una maravilla porque lo que transmites es diferente, eres más transparente y estás expuesto a la vulnerabilidad. Últimamente, compartiendo escenario con pianistas de la talla de Eduardo Moreno o Rubén Fernández Aguirre, he vivido situaciones muy bellas, sintiendo al público cercano. Incluso puedes ver la emoción en sus caras, cosa que no ocurre en un auditorio enorme,  y eso es lo más especial que puedes experimentar.

Después de tantos años… ¿aún habita el vértigo cuando se abre el telón, o la técnica y las horas de trabajo sirven de sostén al cantante?

No llevo tanto tiempo en el escenario como para ponerme a pensar en la lista de la compra mientras canto Trovatore (risas). La experiencia, los años de formación y estudio me han dado cierto aplomo y algo de seguridad, pero el cuerpo siempre segrega una adrenalina cuando se abre el telón y eso nunca debería perderse, porque si no, es un riesgo que influye en el resultado final de la actuación. A veces no hay suficiente energía física o mental y es la emoción del público lo que te hace sacar fuerzas de donde no las hay.  

¿Se lleva algo de su tierra en cada escenario que pisa?

Claro que sí. La sangre y la esencia extremeña me acompañan a todos lados, no puedo separarme de ella. Aquí estudié, me formé y me dieron la oportunidad de dar mis primeros pasos artísticos. Está mi familia y vengo a verles siempre que puedo, la mayoría de veces en el vergonzoso tren al que yo llamo con amargura y sarcasmo  “Tren ARRE MadridBadajoz”. Una pena no tener mejores medios de transporte en nuestra región para venir más veces.

Los intérpretes tienen también algún escenario que les transmite más intensidad y vibraciones. ¿En qué teatros o auditorios se siente como en casa?

Como en casa en ningún sitio. El público de Badajoz es el más especial porque congrega a mucha gente querida y esto me hace una ilusión tremenda pero a la vez conlleva una responsabilidad. Primeramente porque el público es exigente y con tradición desde hace años de ir a conciertos y llenarse siempre el aforo, pero por supuesto también porque quieres superarte y hacerlo cada vez mejor para ellos. Si además, cuando te subes al escenario y detrás de ti se coloca la Orquesta de Extremadura, que es una de las grandes orquestas de este país, las emociones se multiplican. No puedo estar más orgullosa y feliz cada vez que vengo a cantar con ellos.

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