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El arte es morirse de frío

El arte y la mujer, una relación que se expande a lo largo de la historia. Caída en el olvido en diversos momentos y levantada a base de trabajo, esfuerzo y confianza. Una lucha llena de obstáculos, donde seis mujeres relacionadas con el ámbito de la creación artística reflexionan sobre la situación actual de la mujer en el arte.

Marina Abramović dijo una vez que ella no tuvo hijos porque no quería dejar de ser artista. Es lo de siempre. Me parece que existen dos opciones. Eres artista o eres madre. Creas obras de arte o creas niños”, explica la artista formada en Bellas Artes y diplomada en fotografía, Dulce Escribano, al tratar el tema de la figura actual de la mujer en el arte. “Afortunadamente, yo decidí ser artista. Sin el arte no podría vivir y si tuviese un hijo, mi marido no iba a dejar de dibujar y el niño no se iba a cuidar solo”.

Cuando hablamos de arte, alguna vez habremos escuchado el chiste que dice: ‘el arte es morirse de frío’. Una respuesta ante la pregunta ‘¿qué es el arte?’ y un juego de palabras con ‘arte’ y ‘helarte. Seguramente lo hayas escuchado. Si formas parte de este selecto grupo, solo quiero decirte que te comprendo y me compadezco. Al principio, ante esta situación jocosa, te ríes por la novedad o, simplemente, porque te hace gracia. Según avanza el tiempo y la gracia continúa, sientes un poco de vergüenza ajena por el chiste o por quien lo dice; pero conforme pasan los días, meses y años, el chiste parece que cobra sentido. Al menos en el sector femenino.

Según un estudio de Arnet y la Universidad de Maastricht, las mujeres son el 60% del alumnado de Bellas Artes en España, cifras similares al resto de Europa. Sin embargo, solo un 13,7% de las obras expuestas en galerías y museos occidentales llevan firmas en femenino. Un dato corroborado por el informe de la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales Contemporáneas, siguiendo la participación de mujeres artistas en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO) del año pasado, que se situó en el 25% sobre el total de artistas expuestos, de los cuales solo un 6,3% eran artistas españolas.

Gráfico: Informe ARCO 2018

Para Beatriz Roma, arquitecta y artista plástica, además de ilustradora reconocida en Badajoz por exposiciones como ‘La casita de Beatriz Roma’, los datos son regulares, difíciles de creer”. Hasta cierto punto que se llega a preguntar la cantidad de mujeres artistas reconocidas existentes, pues desde su época estudiantil ya prevalecía en el mundo de la arquitectura el número de mujeres sobre hombres, mientras que en el mercado laboral es a la inversa. “Parece que cuesta que la mujer llegue arriba. Si dos realizan la misma función y una está valorada en 1.000€, la de una mujer se miraría con otros ojos. Costaría más venderla”.

Una visión compartida por Dulce Escribano, que indaga y va más allá. Profundiza en la evolución social y en las “obligaciones domésticas”, siendo las principales dificultades causantes de las cifras. “No hemos cambiado mucho. Si una mañana estás cocinando y te viene la inspiración, debes dejar todo. Esa es la intención y por eso se hace una carrera de Bellas Artes. Aunque no siempre es así. Cuando a una mujer le llama el sentido de la maternidad, te dediques a la profesión que te dediques, el hecho de ser madre obtiene un apoyo mayor. Luchar contra eso es muy duro y difícil. Es, o soy madre o soy artista”.

Así mismo, Susanne Themlitz, artista portuguesa creadora de muestras como ‘El silencio cerca de la línea’, achaca la problemática a la educación recibida y falta de confianza en las mujeres. Al igual que Pepa Gómez, escritora y periodista extremeña autora de ‘Proyecto 25’, pues “la confianza es necesaria para vender tu producto. El hombre tiene más confianza en sí mismo, y la mujer no porque desgraciadamente a lo largo de la historia se ha evolucionado para fuera. Somos más progres, pero de puertas para dentro todavía se dice niña ayúdame a poner la mesa. Parece que tenemos una careta de progresistas”.

Por su parte, María Jesús Manzanares, licenciada en Bellas Artes y reconocida por exposiciones como ‘Del Lino al Lienzo’, ejemplifica la situación mediante su alumnado, donde sus pupilas, a pesar de ser un número mayor en la clase, se muestran más tímidas y con complejo, mientras que los chicos son más decididos y tienen menos prejuicios. “Nosotras estamos más retraídas. Miramos hacia dentro, por lo que en un futuro puede afectarnos a la hora de coger un cargo de cierta responsabilidad como el de presidenta”.

Un silencio histórico. Evolución y responsabilidad social.

Lo motivos pueden ser diversos, como especifican las artistas mediante sus ejemplos, pero los datos anteriores al detalle son indicativos: 82 mujeres artistas españolas frente a 280 hombres; y 269 artistas extranjeras frente a 696 artistas extranjeros. Una situación prolongada a lo largo de la historia, pues la figura de la mujer en el arte, en ocasiones, se ha visto perjudicada por el silencio proveniente de la relación hogareña de la mujer. Además de la visión poco aportativa de grandes hombres en el arte, como Renoir, que tacharon a la mujer y su obra de “ridículas”.

La mujer en los libros de historia del arte no existe. Simplemente no hay mujeres. Es un problema prolongado a lo largo de la historia que en la actualidad sigue ocurriendo, pues en el Museo del Prado tenemos la prueba de ello. En su totalidad, solamente cuenta con la firma de tres mujeres”, dice la autora de ‘Del lino al lienzo’.

En el caso de las galerías, según el informe realizado por la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales, la cifra, aunque más pareja, establece las obras varoniles por encima de las femeninas. Solo un 7,7 % de las españolas exponen, frente al 14,4% de hombres. Así, Beatriz Roma argumenta la falta de criterio a la hora de elegir una obra u otra. “Egoístamente el dueño de la galería piensa en sus beneficios. La solución sería que fuesen anónimas como antiguamente y no se supiese si es un hombre o una mujer”.

Una solución un tanto inquietante para la época en la que vivimos. Ocultar la identidad para poder conseguir que tu obra sea visualizada, supondría un retroceso social y una vuelta al pasado de gran escala. Aunque es una posibilidad, pues quien olvida su historia está condenado a repetirla, y en ocasiones parecemos faltos de memoria. Por ello, hay que tener en mente y recordar la figura de artistas de la talla de Hypatia, Viriginia Wolf o Frida Khalo, las más conocidas; pero también de aquellas que sufrieron el silencio derivado de los roles sociales y poderío varonil como Sofonisba Anguissola, Lavinia Fontana, Judith Leyster o Luisa Roldán, entre otras muchas.

Toda ellas, provenientes de situaciones diferentes, pero con un denominador común idéntico: la falta de reconocimiento artístico y el olvido con el paso del tiempo. Ante dicho factor, uno de los grandes nombres del barroco como el de Artemisia Gentileschi, considerada por muchos la primera pintora feminista de la historia, retrató a través de sus obras vivencias y sufrimientos pasados. Con ‘Judith decapitando a Holofernes’ se identificó en Judith vengándose de Holofernes; también reconocido en la obra como Agostino Tassi, su preceptor artístico y agresor sexual. Una forma de manifestar los hechos que sufrían las mujeres de la época e incorporar una crítica de la sociedad, aprovechando la responsabilidad social con la que cuenta el arte.

 

 

En la actualidad, el arte debe continuar alzando la bandera social y evidenciando todas aquellas carencias, injusticias o dificultades del día a día. Además de ser una herramienta para evolucionar y crear conciencia. Un ejemplo es Pepa Gómez con ‘Proyecto 25’, donde se evidencia la violencia de género a través de la figura femenina representada mediante un jarrón, pues “al darse con asiduidad y verse acostumbrada” al maltrato padecido por las mujeres, la autora pretende producirnos un sentimiento, utilizando la “clarísima” responsabilidad con la que cuenta el arte, con un elemento cotidiano de cualquier casa, el jarrón.  

A través de una secuencia de fotogramas en las que se evidencia algo que pasa de puertas para dentro y es necesario que llegue al final con la muerte para obtener visibilidad, reflejamos el escaso reconocimiento, por lo que hacemos un paralelismo entre la mujer florero y la mujer jarrón desde el momento que se considera a las mujeres no trabajadoras o sin identidad propia”, argumenta la artista natural de Azuaga.

Siguiendo la línea del arte como herramienta de evolución y transformación social, al igual que la responsabilidad social del mismo y del artista, Gómez hace hincapié en conseguir dicha evolución, frente a la situación derivada por los roles sociales adaptados, mediante la lucha contra ella misma, contra su subconsciente y contra el mercado, puesto que “vivimos en una sociedad machista y no solo por los hombres. También por las propias mujeres”, pues si los cálculos desvelados por MAV señalaban una cierta paridad entre el porcentaje según el género de galeristas, también establecían un distanciamiento de las galeristas al no apoyar a su propio género. Solamente exhiben un 32% de mujeres y un 59% de hombres. Mientras que, entre los galeristas hay una tendencia claramente inclinada hacia la figura de los artistas hombres con un 78% frente al 26,5% de mujeres.

Las mujeres, por el mero hecho de ser mujer, subimos una serie de escalones por los que los hombres no pasan. Cuando empiezas, si hay un tío en la carrera que tiene la misma nota que tú, por ser mujer te cuesta un poquito más demostrar la coherencia de tu obra. Además del topicazo sexual que justifica tener mejores notas”, argumenta la autora de ‘Heroína silenciadas, heroínas invisibles’, Dulce Escribano. “Todo deriva de los roles sociales. Antropológicamente, llevamos muchos años de esta manera y muy pocos de igualdad”, por lo que mediante su manera de concebir el arte como una forma de “denunciar y exorcizar” las situaciones, en su muestra fotográfica realiza “un reconocimiento a las mujeres, madres, abuelas y bisabuelas que cargan con todo el peso y se han convertido en unas heroínas”.

Techo de cristal. El hándicap añadido de Extremadura.

Junto a la problemática para exponer, según los datos mostrados por el estudio de Arnet y la Universidad de Maastricht; las cifras de galeristas femeninas y su participación en ARCO 2018, según el informe de la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales Contemporáneas; y los roles sociales adaptados; habría que sumar el techo económico existente. Todo ello, en su conjunto, forma un techo de “cemento armado”, catalogado por la Presidenta de la Asociación de Mujeres Progresistas de Badajoz, Inés Rodríguez, “como consecuencia absoluta del machismo, roles sociales e influencia del heteropatriarcado”, que dificulta el avance e impide una equidad en el mundo artístico.

La igualdad es un espejismo. Una creencia global también presente en Badajoz, que se camufla mediante argumentos del tipo: he estudiado lo que quiero, puedo entrar y salir de mi casa cuando quiero o vivo independiente. Esta es la cortina, pues cuando llegas a un puesto de trabajo te encuentras con la brecha salarial, la no conciliación o el ser madre”, todo lo elementos que dan forma al techo de cristal, asegura Inés Rodríguez.

El techo económico es un punto más de la larga lista con la que se encuentran las mujeres artistas en cualquiera de sus disciplinas, pero no un punto cualquiera. La equidad pasa por un reconocimiento a sus obras y este reconocimiento deriva de la cuantía en la que se cifra. Por lo tanto, al igual que sucede en el ámbito general donde las mujeres se encuentran con una situación de menor remuneración por el mismo trabajo, en el arte observamos lo mismo, pues como señala Beatriz Roma, el galerista piensa en sus beneficios, aunque “no exista diferenciación alguna entre hombre y mujer”.

La Universidad de Luxemburgo, en un estudio reciente, estima que el arte femenino se vende un 47% más barato. El precio medio de obras varoniles ronda los 39.000€, mientras que el de ellas se sitúa en 20.000€. Una diferenciación más que notable. Si de por sí ya es difícil vivir en nuestro país en el arte, para las mujeres es una misión imposible; y si eres de Extremadura cuentas con un hándicap añadido.

“Está claro que existe un techo de cristal. Entre el trabajo de un hombre y una mujer no hay diferencia alguna en cuanto a técnicas o conceptos. Nos diferencia la falta de oportunidades, si no ahora mismo no estaríamos hablando sobre este tema”, razona la autora de ‘Del lino al lienzo’, María Jesús Manzanares, que también observa el problema del arte en Extremadura. “Supone una dificultad añadida. De por sí es difícil vivir del arte, conozco muy poca gente que lo haga, por lo que vivir de ello en Extremadura o Badajoz es aún más complicado. De hecho, los que estamos aquí trabajamos en aspectos relacionados como la docencia, porque la gente no compra arte. No existe un coleccionismo y por lo tanto tienes que dedicarte a tu trabajo e ir haciendo tus exposiciones y creaciones. Mientras que los que viven de ello han salido fuera de Extremadura, porque aquí, por ejemplo, conocemos lo que se hace en Vigo, pero en Vigo no conocen lo que hacemos aquí”.

Badajoz, y Extremadura en general, siempre ha sido una tierra de artistas en todos los ámbitos, pero con las políticas de recortes, sumado a la cultura heredada, nos encontramos con esta situación. El arte siempre ha supuesto un problema, junto con el asociacionismo que compromete a la lucha por el arte. Así, si nos fijamos en esto último, pues si es hándicap añadido.  Ahora mismo en Badajoz no nos encontramos con muchas asociaciones que puedan denunciar las desigualdades”, dice Inés Rodríguez, que ejemplifica la dificultad añadida con la lucha actual del centro histórico pacense, donde “hay un movimiento para que el Casco Antiguo se convierta en el barrio de las artes, y sin embargo, nos encontramos con falta de seguridad, de policía, de inversión y de gentes, que lo impiden”.

Para Dulce Escribano todo lo señalado es indicativo de la existencia de un techo de cristal, que “se podría romper, pero siendo realistas y dejándonos de tonterías con el arte no vamos a conseguir derrumbar el techo de cristal. Lo rompe la pasta. El empoderamiento como dijo Berta Ojea viene del dinero, por lo que primero habría que conseguir la igualdad salarial”. Mientras que, para Beatriz Roma, el derrumbamiento del techo pasa por “una lucha que vaya más allá del día de la mujer”. Consiste en un apoyo mutuo para que nadie te impida ser lo que quieres. Nada te lo debe impedir. Ni el mero hecho de haber nacido o residir en Extremadura, que “resulta una dificultad añadida por cuestiones provenientes del poder adquisitivo. No es lo mismo Madrid o Barcelona, que Badajoz.”

Feminismo, motor de cambio.

Sin embargo, pese a lo datos negativos, aparece un pequeño rayo de luz y esperanza para las mujeres artistas. En los últimos meses el número de obras con firmas de mujer en la ciudad de Badajoz han aumentado. Observamos como en un período de seis meses la presencia crece en museos y galerías con las obras: ‘El silencio cerca de la línea’, de Susanne Themlitz; ‘Del lino al lienzo’, de María Jesús Manzanares y Estefanía Martín; ‘Proyecto 25’, de Pepa Gómez; ‘La casita de Beatriz Roma’, de Beatriz Roma; o ‘Heroínas silenciadas, heroínas invisibles’, de Dulce Escribano.

Actualmente, estamos inmersos en una época de cambios sin precedentes. Cambios con un motor que no cesa y lleva nombre de mujer: el feminismo. Un movimiento que impulsa una transformación en todos los ámbitos sociales, buscando la igualdad entre hombres y mujeres, mediante movilizaciones y reivindicaciones que, bajo su principal estandarte: el 8M, baten récords a ritmo de manifiestos, caceroladas y concentraciones. Prueba de ello está en los datos, pues si en 2018 entre Cáceres, Badajoz y Mérida se sumó alrededor de 11.500 personas, este año casi se duplicó la cifra llegando a 20.000 asistentes.

El feminismo es necesario. Mucho de lo conseguido hasta el momento es gracias a ello. Gracias a la lucha y reivindicación con la que estamos logrando una mayor presencia  femenina en salas, museos o galerías. Parece poco y todavía lo es, pero son avances que están asentando las bases".

Una opinión compartida por Susanne Themlitz, que achaca estos pequeños cambios y aumento de muestras femeninas a la creación de una conciencia diferente proveniente del movimiento feminista, en la que no existe rasgo discriminatorio alguno. De la misma manera, María Jesús Manzanares se hace eco de la fuerza del movimiento y su necesidad para concienciar, pues debido “a las reivindicaciones y grupos feministas se están cambiando las perspectivas de las cosas y sobre todo, la perspectiva de la educación, que es la raíz de todo”. Avances también observados por Dulce Escribano, cuya raíz se encuentra dentro del trabajo realizado por las mujeres progresistas, pues el trabajo de la Asociación “es inimaginable. Son heroínas, que han sido madres y han tenido hijos y unos maridos con los que han luchado por el respeto de sus derechos. Derechos que a mí también me cuestan, porque el machismo es algo inherente a la edad”.

El feminismo es una realidad. Está claro. Llegó para quedarse y revolucionar nuestra sociedad. Conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Aún queda mucho camino por recorrer, pero los pasos son agigantados. Come kilómetros a velocidad de vértigo. Es una lanza de protesta cuyo pilar fundamental es el ámbito laboral. Ámbito donde se encuentra el arte y donde persiste una importante brecha salarial, procedente de desigualdades implantadas a lo largo de la historia por la figura del machismo y los roles sociales adaptados. Una situación que en la actualidad está dando un vuelco y creando una brecha, aunque de momento pequeña, gracias a esta lanza descongelante que, en palabras de la Presidenta de la Asociación de Mujeres Progresistas de Badajoz, Inés Rodríguez, “está rompiendo el hielo, de momento en trozos pequeños” para dar paso y obligar a la instituciones a dejar pasar mediante la ola de lucha.

Con las bases sentadas, la ruptura producida y la línea de actuación marcada: lucha, trabajo, esfuerzo y confianza; en nuestras manos está romper por completo el bloque de hielo. Además, si sumamos posibilidad de realizar iniciativas como el Festival Miradas de Mujeres, la plataforma Mujer NODO o Mujeres Mirando Mujeres, marcadas como necesarias en nuestra región para aumentar la visibilidad del arte femenino por las artistas participantes en el reportaje, podremos responder a la pregunta inicial sin que se nos venga a la cabeza el chiste. ‘¿Qué es el arte?El arte es responsabilidad social; es evolución; es crítica; es estética; es entretenimiento; es cultura; es femenino.

 

 

 

 

 

 

 

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