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¿Escuchan eso? Es el silencio

¿Escuchan eso? Es el silencio. Sí, el silencio también comunica; también se oye; y también hace daño. La Real Academia de la Legua Española (RAE), organismo controlador y dador de vida de nuestro lenguaje, que opera al estilo del Gran Hermano - todo lo vigila -, lo define como: la ausencia de hablar; falta de ruido; u omisión de algo por escrito, entre otras acepciones. Aunque en ninguna de ellas incluye la capacidad de comunicación que oculta detrás. Ni mucho menos las problemáticas que evidencia y enmascara bajo múltiples disfraces; porque un silencio dice más que mil palabras.

Cuando callamos, concedemos la razón al que habla. Cuando guardamos silencio, proporcionamos impunidad al emisor. Cuando cerramos la boca, nos convertimos en cómplices. No lo digo yo, lo dice el refranero español: “El que calla otorga”. Nunca un refrán cobró tanto sentido, ni una palabra escondió tanta verdad. El que calla otorga no es solo dicho popular, más bien tiene que ver con un síntoma vírico de la sociedad representado a través de una grave enfermedad: el acoso escolar, o en su efecto, bullying.

En Extremadura, según los últimos datos ofrecidos por la Consejería de Educación, durante el curso académico 2017/2018 se registraron 118 denuncias por posible acoso escolar, 13 más que en el curso anterior. Mientras que solo 38 fueron confirmados como casos reales, es decir, de cada 10 enfermedades diagnosticadas, solo 2 son consideradas bullying.

Unas cifras in crescendo que destacan y remarcan los síntomas patológicos de la enfermedad, pues de los 38 casos confirmados, en 20 la víctima era varón y en 18 mujer. Mientras que, respecto al denunciante, 15 de los casos fueron revelados por docentes, 11 por la propia víctima, 8 por los progenitores, y solo 4 por compañeros y otras personas. Números de espanto para el lector y de miedo para las víctimas y testigos. Miedo a la represalia, en ocasiones superior al propio bullying. Un temor expandido por un ser que se cree superior y con derecho a implantar una tiranía basada en la Ley del Silencio.

Al estilo del gran Dios Rey Persa, Jerjes I, este ser divino, que también sangra y es de carne y hueso, cuenta con un ejército de súbditos dispuestos a cumplir sus deseos; reír sus gracias; y guardar culto si es necesario. Todos ellos forman una especie de secta, cuya incorporación pasa por caricaturizar y ridiculizar a las personalidades que consideran débiles e inseguras. No todos están a favor de la tiranía. Ni todos forman parte de ella, pero pocos se rebelan y rompen el silencio. Pocos buscan la cura que erradique la enfermedad y consiga cambiar La Ley del Silencio.

El silencio esconde esa incertidumbre cuando la persona que te gusta no responde a tu pregunta. Oculta la incomodez ante un familiar que se interesa por tu vida privada. Enmascara el daño que impide los demás niños y niñas ser felices y disfrutar de su vida, llegando incluso a odiar salir a la calle o ir al colegio por portar gafas, poseer diferentes cualidades físicas o por sacar mejores notas. ¿Escuchan eso? Es el silencio y es un problema más grave de lo que pensamos; pero tranquilos, tiene cura. Rompámoslo.

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