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La Riada de Badajoz (III): La ayuda externa

Toda España y Extremadura estuvieron al nivel de la catástrofe, volcándose de lleno con su solidaridad y humanidad para que los daños fueran minimizados

El 5 y 6 de noviembre de 1997, recordemos, Extremadura sufrió la mayor tragedia que se recuerda en las últimas décadas. Aquellas aguas inundaron los sueños de muchas personas, que vieron cómo sus proyectos de vida se venían abajo: coches volcados y arrastrados, casas derrumbadas, negocios en la ruina... Incluso el cuerpo de bomberos tuvo graves daños materiales en sus herramientas de trabajo, como nos relata Antonio Romero Lucas, bombero de Badajoz: “Nos arriesgamos bastante. Uno de mis compañeros aparcó cerca del puente de la carretera de Sevilla, subió el agua muy deprisa y el coche se fue abajo”. Situación similar a la que vivió la Policía Nacional, que padeció problemas muy serios. Aquella noche, para salir de su coche oficial, el inspector Celestino Portero Burguillo tuvo que “romper todos los cristales de la ventana de arriba del coche para poder acceder al techo, estuvimos como 50 minutos hasta que vinieron los de Protección Civil a sacarnos de dos en dos”.

Absolutamente todo quedó destrozado. 1200 personas fueron desalojadas de sus casas para ser instaladas provisionalmente en una residencia situada en el Hospital Perpetuo Socorro: “A las 7 de la mañana del día 6 conseguimos que dos helicópteros del Ejército del Aire trajeran material que tenía la Cruz Roja en su almacén de emergencia para improvisar un albergue en las instalaciones del hospital, que por aquel entonces no estaba abierto al público”, nos cuenta Jesús López Santana, entonces Director de Comunicación de Cruz Roja Extremadura. Fijándonos sólo en el patrimonio municipal, el daño fue  de 1.700 millones de pesetas (10 millones de euros). Parte de Badajoz quedó casi incomunicada y los efectos también se hicieron notar fuera del casco urbano.

Sin embargo, España supo reaccionar inmediatamente, y la respuesta no se hizo esperar: La movilización del Ejército, cuerpos de policías, Protección Civil, GEOS, equipos de rescate acuático, bomberos, voluntarios, equipos de rescate de la Cruz Roja de todas las comunidades autónomas... así como la de diversas instituciones como la Junta de Extremadura, Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Badajoz y diversas empresas privadas fue importantísima para reducir los daños. Por ejemplo, “cuando se montó el almacén para el acopio del material que llegó para las familias damnificadas, una empresa de Badajoz, Hierros Díaz, cedió gratuitamente sus instalaciones para que pudiésemos almacenarlo allí, clasificarlo y distribuirlo al personal del servicio de salud que se puso a disposición de todos los afectados”, indica López Santana.

Tras el suceso, se barajó entre dos opciones: arreglar las viviendas que no habían sido destruidas del todo y que sus propietarios pudiesen volver a ellas, o construir nuevos hogares para realojarlos en otras zonas. A pesar de que el coste de la primera opción era menor y que no se pensaba que se volviera a ocurrir tal suceso, ya que los datos meteorológicos mostraban que era un fenómeno muy raro, se eligió la segunda opción por precaución. Más adelante la Ley del Suelo prohibiría construir nuevas casas en zonas con riesgo de inundación.

Cuatro personas desaparecieron, y pese a que tres de ellas fueron encontradas, no fue el caso de una mujer de 73 años. Algo que, como asegura Antonio Romero, desmoraliza: “Encontrar muertes siempre nos desanima. Había una cría que desapareció y la encontraron mis compañeros entre los dos puentes, fue muy duro”. Una de las pérdidas más dolorosas fue la de Ana María Carretero Duarte, que en aquel momento tenía 7 años de edad. Ana María se refugió en el techo de una furgoneta en la Carretera de Sevilla, pero el agua se llevó el vehículo y con él su vida. La búsqueda de los cadáveres fue muy laboriosa, sostiene Celestino, que señala que “la Caballería de Sevilla estuvo colaborando durante bastantes días”, otro ejemplo más en el que vemos la solidaridad que mostró todo el país.

Tras conocer la cifra de desaparecidos, Oscar Baselga, delegado del gobierno en Extremadura, constituyó un gabinete de crisis. Las operaciones de rastreo fueron arduas. Durante mes y medio participaron diversas fuerzas de seguridad, como 600 miembros de la Policía Local, los bomberos, Protección Civil y la Guardia Civil. Entre los medios contaron con un helicóptero de alta tecnología que era capaz de detectar la densidad del terreno y los cambios de temperatura, 7 perros dedicados a la búsqueda de cuerpos y una gran cantidad de embarcaciones. Cabe destacar la gran labor de la Cruz Roja, ya que, al no haber 112, ellos eran pioneros en la coordinación por Radio para esta catástrofe: “El único centro de coordinación de radio que existía en Extremadura era de la Cruz Roja, y lo que se hizo fue montar un equipo auxiliar en la sede de la Delegación del Gobierno para poder enlazar con Madrid”, cuenta López Santana. La coordinación entre todas las fuerzas de seguridad fue muy eficaz, y hoy en día se sigue recordando la rapidez de ejecución con la que se hizo frente al problema.

Celestino Portero y José Francisco Flores opinan que en 1986, cuando eran militares, tenían mejores medios que cuando ocurrió la Riada. Aún con todo esto, ¿se han solucionado todos los problemas actuales o quedan flecos pendientes? ¿Las subvenciones que se han dado han sido suficientes? Lo veremos en la siguiente entrega.

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