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La utópica realidad del Parque de la Concordia

Entre árboles, largos senderos y un sinfín de señalizaciones que derivan en diversas direcciones, se encuentra el Parque de la Concordia. Su descripción podría ser equivalente al histórico el Retiro en Madrid o, incluso, a el Central Park en Nueva York. Que sus dimensiones no nos engañen. Este lugar cuenta con características especiales que se alejan de los grandes focos mediáticos de las zonas verdes situadas en los núcleos urbanos. Nada tiene que ver con un sitio idealizado para fotografiarse y fingir una realidad moral, vía redes sociales, basada en un perfeccionismo evidentemente ficticio. En el Parque de la Concordia solo hay espacio para reflejar la auténtica realidad. Una realidad más allá del punto de vista individual, que pasa por edificar un camino a modo de guía, con desembocadura en un perfeccionismo sin filtros, visible y utilizable para todos y todas, con menos obstáculos y más inclusivo.

Ante este contexto se presentaban los Premios Solidarios ONCE Extremadura 2019. El Teatro López de Ayala acogió la gala y, bajo el bullicio y albedrío pacense, se transformó en un espacio utópico más cercano y real de lo que aparenta. Los galardonados, reconocidos por su labor solidaria, fueron testigos y vieron como sus frutos, junto al trabajo y trayectoria, cobraban forma. Poco a poco, descubrieron que el atrezzo sobre el escenario nada tenía que ver con un simple decorado. No era imaginario, más bien correspondía con la sociedad en la cuál llevan trabajando toda su vida.

Uno por uno, desde FEDAPAS hasta el Ayuntamiento de Don Benito, pasando por la sección 'Hoy solidarios', la figura de Manuel López Risco y los Centros Comerciales Carrefour, los protagonistas de la noche se impregnaron del inconformismo y anhelado deseo de evolución social que conforma el ADN de la ONCE. Para ello, no necesitan una brújula al estilo Jack Sparrow en 'Piratas del Caribe' que señale lo que uno más desea en su debido momentos, en este caso, la civilización representada en el Parque de la Concordia. Bastó con aportar su grano de arena y colocar los adoquines que componen el camino en forma de concienciación ciudadana, normalización de las personas con discapacidad, defensa de los derechos y necesidades de las personas sordas, inclusión laboral y eliminación de las barreras arquitectónicas.

De momento, su localización no es física. Está en cada plaza, esquina, paso de peatones o acera. Se encuentra dentro de uno mismo y en el conjunto de la sociedad que desea avanzar y no quedarse atrapas entre los obstáculos que constituyen esta selva llamada vida.

La inclusión construye el sendero hacia el Parque de la Concordia. Los Premios Solidarios ONCE señalan el camino. Una vez lleguemos sabremos que hemos alcanzado nuestro culmen como sociedad. Habremos labrado una senda donde los invisibles se desharán de su capa de invisibilidad y nunca más estarán solos. Donde la sociedad dará paso a una realidad auténtica. Una realidad en la cuál todos y todas tendremos nuestro hueco en el banco situado bajo la tenue luz que ilumina el Parque de la Concordia.

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