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¿Lenguaje inclusivo?

Vivimos tiempos de cambios constantes. El mundo avanza y con ello la sociedad. Creamos actualizaciones, mejoramos la accesibilidad y eliminamos barreras para perfeccionar nuestra calidad de vida y tener un mundo más igualitario. Evolucionamos para no estancarnos, pero ¿realmente estamos avanzando?

Que cada uno se responda a sí mismo. Está claro que hemos conseguido múltiples avances en diferentes materias como puedan ser la equidad de oportunidades o la no discriminación, pero déjenme decirle que, desde el punto de vista del lenguaje, no. Desde este punto de vista, tenemos un problema.

El lenguaje está estancado. Las palabras, expresiones y sus significados excluyen. Seguimos en un masculino genérico que en ocasiones crea desigualdades. Al igual que seguimos en un lenguaje sexista basado en expresiones denigratorias. Es cierto que nuestra lengua posee una riqueza descomunal, enriquecida por sus gentes y cultura. Una lengua romance con infinidad de expresiones, acepciones y símbolos que cambian el significado por completo de una frase. Como también es cierto que, esta misma, posee un lado oscuro que tiende a la exclusión y convierte la riqueza lingüística en maldad, sea de forma intencionada al usar términos y sus significados, o solamente se deba a la sociedad en la que vivimos y que hemos heredado.

Sea como fuere, si por un momento nos paramos a pensar y hacemos un esfuerzo imaginativo, seguro que damos con ese lado sombrío. Las expresiones “nenaza”, “coñazo”, “hijo de puta”, “los niños no lloran”, “bruja” o “zorra”, elegidas entre una larga lista de candidatas, reflejan una carga sexista en el lenguaje. Por ejemplo, zorro destaca la inteligencia y astucia de un hombre, mientras que zorra tiene un significado despectivo y denigratorio hacia la mujer. Al igual que un cualquiera es un don nadie, pero una cualquiera es una prostituta.

Por otro lado, si nos imaginamos un contexto en el que se diga: “todo el equipo ganó la liga de fútbol”; “son genios de las matemáticas”; o “niños, terminó la clase”, seguramente que la primera imagen que se nos viene a la cabeza tiene que ver con un grupo masculino. Una imagen recreada en nuestra cabeza a través del género neutro que, de forma inconsciente o no, excluye a la mujer a través del lenguaje.

Dicho todo esto, la solución no es nada sencilla. Pasaría por cambiar muchos aspectos sociales y culturales de la sociedad; pues como dijeron Ludwig Wittgenstein y Jean-Jacques Rousseau en el lenguaje, “la sociedad se basa en un lenguaje y a su vez el lenguaje se origina en la sociedad, es decir, el lenguaje es el producto, la manifestación misma de la cultura de una determinada sociedad por lo que al estudiar el lenguaje de un pueblo también entendemos su cultura”. Así, para avanzar como sociedad, primero habría que evolucionar culturalmente, lo que incluye evolucionar el lenguaje. Mientras tanto, tenemos un problema.

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