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Moreno Borja: “Etiquetamos mucho al colectivo gitano, pero todo depende de la intención y el sentido del humor de la gente”

No es la primera vez que, desde la butaca del cine, un actor revelación nos sorprende con una brillante interpretación. Moreno Borja es el ejemplo de ello. Un valiente que, sin estudiar arte dramático ni haber pisado escenarios, se lanza a probar suerte frente a la cámara. Así pues, Borja inicia el camino en el mundo de la interpretación gracias a Paco, el padre de Lola, personaje al que da vida en ‘Carmen y Lola’, película que inauguraba la 24ª edición del Festival Ibérico de Cinema de Badajoz. Este papel le ha servido como trampolín para Arde Madrid, una serie que se estrenará en otoño en Movistar+ con Paco León, como director, productor y actor de la misma


Eres un guardia de seguridad de etnia gitana y ahora actor… Cuéntanos quién es Moreno Borja.

Soy un luchador que jamás ha perdido la ilusión para vivir el día a día. Soy natural de Málaga y gitano, sí, y vivo en Madrid desde los catorce años, cuando nos trasladamos a la capital mi madre, mi hermana y yo. Empecé a trabajar como reponedor en un supermercado pero a los dieciocho años descubrí que me gustaba todo lo que tenía que ver con la seguridad y comencé a trabajar en una empresa.

Cuéntanos cómo empieza todo. Has comentado en alguna ocasión que tu entrada en el mundo de la interpretación fue por accidente, ¿no es así?

Así es, fue por accidente. Una noche llegué de trabajar tarde de la empresa de seguridad de la que soy coordinador y vi un anuncio en Internet que decía: “Se busca actor de raza gitana de entre cuarenta y cincuenta años para interpretar una película”. Decidí apuntarme y me citaron tres veces, de las cuales no fui ninguna, ya que se me olvidó completamente por temas de trabajo.

Pasados unos días me llamaron por teléfono para decirme que fuese a la prueba y estaba totalmente convencido de que me habían seleccionado. De hecho, se lo comuniqué alegre a mi familia y amigos. Pero cuando llegué me dieron el número 223 ¡Había 222 Pacos más! (ríe).

¿Cómo recuerdas el casting? ¿Fue una buena experiencia? 

Jamás lo olvidaré. En más de una ocasión lo rememoro con cariño con la directora, Arantxa Echevarría. Ella me dijo: “Imagina que soy tu hija y que te pido que me firmes un papel para ir a una excursión del colegio a la que tú no quieres que vaya. Después, te digo que me estoy escribiendo con un chico”. Al principio sólo respondía enfadado, pero cuando me dijo que me sintiese libre y que quería verme más cabreado, me metí más en el papel. Sólo me faltó romper el mobiliario de la sala (ríe).

¿Y cómo conseguiste llegar a ese estado de enfado y controlar la escena? Porque nunca habías hecho absolutamente nada de teatro, ni siquiera en el colegio, ¿no es así?

Nunca había hecho nada relacionado con teatro, pero el casting duró seis meses y poco a poco me fui familiarizando con todo: el guión, los personajes, las escenas… Los ensayos eran brutales. Ellos me iban enseñando y yo me dejaba llevar.

Entonces, en un terreno totalmente nuevo para ti, ¿qué fue lo que más costó?

Nada. Si te soy sincero, memorizar el guión no me dio ningún problema por ejemplo. Recuerdo que llegaba a mi casa de trabajar a las doce de la noche y me metía en la habitación con toda la ilusión a ensayar y a aprender. Eso sí, jamás me vio nadie, lo hacía solo ya que me daba vergüenza.

Tanto en esta nueva profesión como en tu trabajo de seguridad, o incluso de niño, ¿te has visto alguna vez marginado por ser de etnia gitana?

En mi caso no. Nunca me he encontrado con la discriminación. Desde el principio me he sentido integrado en la sociedad y me he relacionado con todo tipo de gente. Tengo grandes amigos pero no era buen estudiante, y aún así siempre me busqué la vida sin problemas. Lo que sí es cierto es que sí que he conocido amigos que solo por el hecho de ser gitanos han sido rechazados.

Y hablando precisamente de la sociedad, ¿crees que hemos avanzado algo en el tema de la discriminación a este colectivo? ¿Notas algún cambio a mejor?

Es cierto que etiquetamos mucho, pero creo que todo depende de la intención de la persona y del sentido del humor de la gente. Por ejemplo, muchos amigos míos me llamaban hace años cariñosamente gitano, calorro, y nunca me he sentí ofendido porque sabía que lo hacían desde el cariño. Precisamente en la película de Carmen y Lola se cuenta una historia que no pretende clasificar al pueblo gitano, ya que esta historia puede suceder en cualquier hogar y en cualquier familia.

Y para finalizar, el equipo estaréis unos días por Badajoz. ¿Conocías la ciudad? ¿Cómo está siendo la acogida?

No conocía Badajoz, y cariñosamente me gustaría calificarla como una ciudad gitana. La película que hemos proyectado aquí me parece muy apropiada para Badajoz. Me ha sorprendido gratamente y encantado el trato recibido por todo el mundo. Seguro que volveré.

 

CRÓNICA DE ‘CARMEN Y LOLA’

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