¡Oler vía WIFI!

¿Enviar olores vía wifi? Así de primeras puede parecer una locura, pero para un grupo de investigadores de la Universidad de Extremadura (UEx) se ha hecho realidad. Han conseguido crear un mecanismo que permite captar e identificar olores y transmitirlos vía wifi a un display olfativo que reproduce y genera los compuestos aromáticos a su destino.

Enviar aromas desde Tokio a Paris. Ese fue el reto planteado en el último Congreso de la Sociedad de Olfato Digital (Digital Olfaction Society) en Japón. Un reto que sirvió como aliciente para que los grupos universitarios PSI (Percepción y Sistemas Inteligentes) e AIIA (Aplicaciones Industriales de la Inteligencia Artificial) trabajasen en el desarrollo de este innovador proyecto. Ambos son grupos de investigación de la Escuela de Ingenierías Industriales de Badajoz, en la que llevan a cabo tanto este como otros proyectos los investigadores Jesús Lozano, José Luis Herrero, José Ignacio Suárez, Álvaro Fernández, Sergio Rodríguez, Félix Meléndez, Patricia Arroyo, Francisco Portalo y Pablo Carmona.

Sus relaciones con las narices electrónicas vienen de hace varios años, con las que continúan trabajando en diversas líneas de investigación. Una de ellas es la que se apuntaba al inicio, consistente en enviar olores a través de vía wifi. Esta idea surge del reto planteado en el Congreso de la Sociedad de Olfato Digital celebrado en Tokio. “Por una serie de cuestiones logísticas, probamos a realizarlo en una misma habitación, utilizando un router de pasarela conectado a internet a través del que enviar el olor en cuestión”, relata Sergio Rodríguez.

Su éxito funciona dividido en 3 fases. La primera fase se denomina calibración y consiste en enseñarle a la nariz cada uno de los aromas que luego tendrá que detectar, uno por uno durante un tiempo determinado. Una vez que la nariz ha aprendido cada uno de los olores se pasa a la segunda fase, la de detección, que es cuando la nariz huele lo que le has puesto delante, y base a lo aprendido anteriormente, te da una especie de veredicto. “Finalmente, la tercera fase concluye con la regeneración del aroma en otro sitio, enviado mediante internet desde un móvil a un display olfativo”, apunta Sergio.

Entre sus múltiples aplicaciones caben destacar su uso en restauración, para temas de catas más interactivas, en realidad virtual o en videojuegos. También destacan otras posibles utilidades como en el caso de la anosmia o pérdida del sentido del olfato, en las que personas con estas dificultades “podrían cerciorarse, por ejemplo, de una fuga de gas mediante el reconocimiento de otros determinados olores que esas personas sí puedan percibir”, señala Patricia Arroyo. De cara al futuro, Félix Meléndez apunta que “imagina que subes una foto a Instagram del plato que te vas a comer y otra persona puede olerlo en otro sitio”.

En cuanto a la repercusión que ha suscitado el proyecto se muestran contentos y aseguran que “esto pone en valor las cosas que se hacen aquí. Creo que gran parte del peso lo tiene el premio que nos han dado en Japón”, destaca Sergio.

Además, desde el grupo de investigación trabajan en otros proyectos relacionados con las narices electrónicas. Ejemplos de ellos serían el consistente en el Desarrollo de sistemas sensores para la detección de gases contaminantes y la monitorización de calidad del aire en la región de Extremadura o el denominado Sistemas olfativos artificiales para el control de calidad de alimentos, que permite oler setas y detectar las venenosas. Patricia indica que también están comenzando a trabajar en el Desarrollo de sistema automático para la detección en línea del TCA en tapones de corcho, el último proyecto en el que se han embarcado.

Finalmente, en cuanto a investigación se refiere, destacan la precariedad en España respecto a otros países que sí invierten más en I+D+I como Alemania, Japón o Estados Unidos. “Aquí en concreto siempre se gasta menos, siempre es de lo primero que se recorta, es un poco más precario”, indica Sergio, quién añade que “en mi caso personal no me quejo mucho porque desde que empecé en la escuela hasta ahora veo más medios, más implicación, y una mayor aceptación del perfil del alumno, ya no se ve tan raro”.

Por otra parte, José Ignacio Suárez señala que también echa en falta “la cultura de emprendimiento, que el objetivo de la investigación no es que se quede sólo en la teoría, sino que luego pase a la sociedad, que se aproveche el desarrollo tecnológico que se produce en la universidad para que surjan nuevas empresas y se transmita a la sociedad”. Opina que la universidad está para transmitir valores a la sociedad. “Una forma de devolver ese servicio es la creación de empresas, pero ahí es donde se encuentran con los escoyos burocráticos. La iniciativa privada a veces es complicada”, añade José Ignacio.

“Falta un poco más de compromiso político”, indica Sergio, “porque cuando surge un periodo de crisis,  de lo primero que se recorta es de I+D+I, uno de los aspectos más importantes que pueden beneficiar a la sociedad; al final lo que promueves es que la gente se vaya fuera…y comienza ese círculo vicioso”, concluye. En el ámbito de la medicina, por ejemplo, José Ignacio indica que “muchas enfermedades se manifiestan en el aire que expulsa el paciente, y ese aire se puede oler y se pueden testar los compuestos que  emite el paciente cuando está enfermo. Una de las aplicaciones de las narices va por ahí”. Esas son algunas de las propuestas que se pueden seguir trabajando gracias al apoyo y las subvenciones de las instituciones que apuestan por el talento de nuestra sociedad.

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