“Querer no siempre es poder”

No, esto no es una declaración de pesimismo. Se refiere a eficacia, lean:

Estamos inmersos en una ola de buena voluntad en cuanto a la accesibilidad. Empresas, particulares, en general, la gente piensa en aquellos que lo tienen más complicado y parece que la empatía está de moda. Pero si no existe eficacia, las diferentes medidas para mejorar en esta materia, solo suponen un sobregasto   para   quien las pone en práctica y no sirven  de nada porque no resultan útiles.

Ejemplos, muchos y muy evidentes:

Rampas en la puerta de  restaurantes en los que los baños están perfectamente adaptados, que no permiten la entrada a sillas de ruedas demasiado anchas  o que resultan muy empinadas para poder bajarlas o subirlas de forma autónoma. Hoteles que presentan la botonera de los ascensores con los números en Braille, pero sin embargo los números de las habitaciones no se indican ni siquiera en relieve y son difíciles de localizar para una persona ciega que desee alojarse en él. El nivel de exigencia de los recepcionistas  y camareros   en cuanto a inglés, francés, alemán, portugués, es evidente. Pero, dónde queda la lengua de signos para poder hablar con las personas sordas? Es igual de necesario y créanme, se tarda mucho menos tiempo en aprender.

Capítulo aparte, merecen las estaciones de autobús, tren y los aeropuertos, si lo que queremos es un turismo accesible pleno. Teniendo en cuenta que hay un sector de población que no puede disponer de vehículos, no conducen. Tienen que convertirse en obligados usuarios de lo que en ocasiones, son verdaderas junglas y pese a la precaución de llegar con más tiempo de antelación que el resto de los mortales sin discapacidad, embarcar les supone toda una aventura con más de un riesgo.

Un ejemplo:

A una persona ciega no le sirve de nada que se le  indique mediante suelo rugoso para notar con el bastón,  cada una de las entradas de las puertas de embarque de los autobuses, si la megafonía de la propia estación es inexistente y no puede enterarse del número de puerta ni de la hora de salida. Esto sucede en la madrileña estación de Méndez Álvaro. Con el problema nos encontramos muchas personas invidentes que viajamos de Madrid hasta Badajoz y viceversa. Habría otro ejemplo mucho más gráfico, pero es el de nuestro mediático tren indigno. Y de ese, prefiero no hablar más. 

Pero Definitivamente las cosas van a mejor.  Me  quedo con una anécdota que sin duda refleja que no vamos por mal camino y que además de la empatía, empieza a estar de moda informarse antes de pasar a la acción. Ayer un amigo de Madrid me comentaba que quería poner en marcha una casa rural en Yuste. Y se interesaba por un contacto oficial que le ayudase a crear un hábitat accesible al 100 × 100

La OTAEX, oficina de accesibilidad de Extremadura, es la entidad a la que hay que dirigirse además de otras tantas, cualquier asociación de la discapacidad nos facilitará las cosas. Lo que importa por tanto, no son solo los buenos propósitos, sino que se pueda disfrutar de los resultados.

Susana Mangut Ponce de León

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