Un tesoro a la vista

Las negligencias, los desastres naturales, los conflictos bélicos, las crisis políticas, económicas y sociales, pero, sobre todo, las personas son los principales factores que amenazan al patrimonio monumental y cultural de todo el mundo. El arte se ve amenazado desde tiempos remotos y ningún lugar está totalmente a salvo. Aunque no todo está perdido, pues como dijo una vez Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

Corría el año 1951, el escritor Camilo José Cela publicaba su obra ‘La colmena’, EE. UU. y la URSS libraban una Guerra Fría sin precedentes y muchos de los que estamos leyendo esto todavía no habíamos nacido, mientras que, en Badajoz, concretamente en el Monasterio Real de Santa Ana, Sor Celina comenzaba su camino. Un camino lleno de trabajo y esfuerzo que nos lleva a la actualidad, aunque ella en ese momento no lo supiera.

Sin una hoja de ruta clara, ni un mapa del tesoro, comenzó a reunir las piezas para completar este puzle de documentación de los fondos artísticos del convento. Al principio estaba sola. Nada más contaba con dos piezas, pero poco a poco, y con el paso de los años, logró formar una tripulación que, con Fundación CB al timón con su Programa de Becas; la dirección y la tutorización del Doctor en Historia del Arte y director del Museo Etnográfico de Olivenza, Miguel Ángel Vallecillo Teodoro; y la historiadora del arte encargada de catalogar y digitalizar los archivos, Paola Cortés Caballero, reunió más de 200 obras, de las cuáles 25 están catalogadas.

Hoy en día, el Real Monasterio de Santa Ana, declarado Bien de Interés Cultural en 1991, puede visitarse de forma guiada hasta mayo y, debido a la conmemoración de su aniversario, ha puesto en marcha una sala de exposiciones, con el objetivo de que sea permanente, para sacar a la luz el patrimonio artístico y recuperar la historia de Badajoz con pinturas de talla internacional como las de Palomino, grandes tallistas en escultura como Francisco Ruíz Amador, con piezas de gran calidad en orfebrería como ‘Las Campanillas Flamencas del S. XVI’ o una custodia del S XVIII de Manuel García Crespo, considerado como el mejor orfebre de toda la historia de la orfebrería en la Escuela Salmantina.

Muchas veces lo tenemos delante y no nos damos cuenta. Nos tienen que señalar e incluso llevar de la mano hasta el sitio para fijarnos, pues no conseguimos apreciar todo lo que nos rodea. En este caso: el trabajo de Sor Celina y el patrimonio artístico de Badajoz. Un tesoro que estaba escondido, pero que, gracias a las acciones de gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, está a la vista y disfrute de todo aquel que se quiera acercar a visitarlo.

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